martes, 22 de mayo de 2007

¿Deshielo en La Habana?

“¿Nieve en junio?” se preguntaba alguien en uno de aquellos muñequitos de los ochenta mientras una lluvia de billetes le caía en la cabeza. ¿Deshielo en La Habana?, se pregunta uno, igual de sorprendido, al leer la conferencia de Arturo Arango y las declaraciones de Reynaldo González en la presentación del último número de Casa de las Américas. O, más bien, hasta dónde llegará el deshielo, porque desde 1990 ha habido uno donde, tal como ocurría en el original soviético, la crítica de los "errores" de un pasado dogmático ha contribuido a legitimar un presente de supuesta tolerancia e inclusiones.

Dentro de ese deshielo que dura ya tres lustros, el Pavongate ha sido un paso más, un cierto movimiento, una crisis; como si el calor generado por el aluvión de mensajes electrónicos, esa chispa que en enero recorrió nuestra ciudad letrada, conectando ambas orillas no en torno a una posición común pero sí en un debate no del todo controlado por las instituciones, hubiera derretido algunas columnas del hielo, sin deshacer, desde luego, todo el bloque -en cuyo caso no hablaríamos de deshielo sino de fiesta nacional. Aun cuando coincido, en lo fundamental, con la crítica de Néstor Díaz de Villegas, creo preciso destacar esos signos que, llegados desde La Habana, hacen que la esquizofrenia que él señala se agudice: mientras más lastre pierde la crítica de los oficialistas, más contradictoria su defensa del régimen.

La conferencia de Arturo Arango, por ejemplo. El subdirector de La gaceta de Cuba es miembro destacado de aquella generación emergente a fines de los setenta que libró una batalla contra el realismo socialista a comienzos de la década siguiente, como él se ha encargado de contar en más de una ocasión. Contra el dogmatismo marxista, fueron, por así decir, progresistas; luego, en los noventa, cuando la Revolución institucionalizada lo desechó para resguardarse bajo la amplia sombrilla el nacionalismo, han sido conservadores al limitarse a criticar aquel dogmatismo ya inofensivo y alimentar la apologética cantinela de la identidad nacional.

Condenar hoy el realismo socialista no es, por tanto, ni novedad ni indisciplina entre oficialistas; el propio Ministro ha dicho que se trata de una aberración. Ahora bien, dicho esto tengo que añadir que, al menos que yo recuerde, nunca se había señalado públicamente en Cuba con tanta claridad y detalle como en esta conferencia de Arango cuánto el realismo socialista se impuso efectivamente en los setenta. Los intelectuales oficialistas suelen decir que los contrarrevolucionarios agitaron interesadamente en los sesenta el fantasma del realismo socialista; ahora uno de ellos demuestra fehacientemente que ese fantasma anduvo por Cuba con pies de plomo.

También la versión que da Arango del caso Padilla es bastante “avanzada” en relación con las ofrecidas en los últimos tiempos por sus maestros Retamar y Fornet; no se libra del escamoteo desde el momento en que da como una posibilidad que Padilla planeara todo el show y que no reconoce que su confesión se obtuvo por medio de la violencia, pero dice algunas cosas sobre Fuera del juego y sobre el caso de 1971 que hasta ahora no se habían reconocido con tanta crudeza. La crítica de Arango llega justo hasta ese límite que constituye, para los oficialistas, el reconocimiento de que las disposiciones del Congreso fueron legitimados por el propio Castro en el discurso de clausura. Pareciera que está a punto de decirlo, aun de pasada y como quien no quiere la cosa, pero ahí se detiene, justo donde comienza a romperse el círculo vicioso del escamoteo y las medias verdades.

En parecido límite se debate Reynaldo González, una de las voces más “críticas” de un grupo de escritores que, marginados en los setenta, han sido cooptados por los premios y las prebendas gubernamentales. Nótese que en las recientes palabras de Reynaldo hay un sensible cambio de matiz. Si en el escrito que protestaba por la reaparición televisiva de Pavón hablaba, como hacen Retamar y Fornet, de “errores”, ahora habla de “crímenes”. Parecería que González ha tomado nota del señalamiento de Ena Lucía Portela, quien le decía que donde él “pone "errores", entiendo que por elegancia, por no ser obvio, (ella) pondría "actos criminales", que desde luego siguen y seguirán siéndolo en tanto no se los reconozca abierta y públicamente como tales, con absoluta transparencia, algo que mucho me temo no va a ocurrir en las actuales circunstancias de nuestro país.” No era, desde luego, la elegancia sino la cautela lo que presidía las palabras de González. Y algo queda de ella, y mucho aun de escamoteo, en su referencia a “crímenes culturales”, pues es obvio que meter a alguien en la cárcel por escribir un poema, como le ocurrió a Néstor, no es un “crimen cultural” sino un crimen sin más, y que la represión a los intelectuales no fue y es sino un caso más de la que sufre la la sociedad toda.

Desde luego que persiste el escamoteo, pero los límites se desplazan un poco. No es como para ponerse a apludir, desde luego. Pero creo que, aunque sepamos que persiste el steady state, mientras no llegue el esperado big bang no debemos perder de vista esos pequeños movimientos intestinos: algo se mueve en La Habana.

10 comentarios:

Infortunato Liborio del Campo dijo...

Eh que desolada está ma memoria, trataré de consoalarla un poco.

“The Show must goes on”

Enmascara hechos:
“comienza a tomar forma lo que luego se conocería como Movimiento de la Nueva Trova, algunos de cuyos integrantes “se aglutinaron”, desde fines del 68, en el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC…”

Los músicos no “se aglutinaron” sino que “los aglutinaron” allí de diversas maneras, luego de ser expulsados del resto de los medios y algunos haber contribuido revolucionariamente a las tareas de las UMAP. Para Arango las UMAP sólo merecen una nota al pie.

Identificación de la Cultura con el Arte.
Un par de definiciones la alcance de todos:
Cultura: conjunto de rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos, que caracterizan a una sociedad o grupo social en un periodo determinado. El término ‘cultura’ engloba además modos de vida, ceremonias, arte, invenciones, tecnología, sistemas de valores, derechos fundamentales del ser humano, tradiciones y creencias. A través de la cultura se expresa el hombre, toma conciencia de sí mismo, cuestiona sus realizaciones, busca nuevos significados y crea obras que le trascienden.

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Arte: actividad que requiere un aprendizaje y puede limitarse a una simple habilidad técnica o ampliarse hasta el punto de englobar la expresión de una visión particular del mundo. El término arte deriva del latín ars, que significa habilidad y hace referencia a la realización de acciones que requieren una especialización, como por ejemplo el arte de la jardinería o el arte de jugar al ajedrez.
Sin embargo, en un sentido más amplio, el concepto hace referencia tanto a la habilidad técnica como al talento creativo en un contexto musical, literario, visual o de puesta en escena. El arte procura a la persona o personas que lo practican y a quienes lo observan una experiencia que puede ser de orden estético, emocional, intelectual o bien combinar todas esas cualidades.

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Si la poesía antes del 59 estaba en parte “desparramada”
La poesía actual está:
La del exilio: “desparramada”
La del insilio: ”desarrapada”

“No hay dudas de que, en 1968, la más heterogénea de las instituciones
culturales cubanas era la UNEAC.” Arango sin Parreño.
Era la única
Ya un sin número de escritores y artistas habían tomado las de Villadiego.

“y la invasión soviética a Checoslovaquia, hecho que recibió el apoyo “no incondicional” del gobierno cubano”. Arangón
Sólo puedo interpretar lo de no incondicional como “a cambio de la ayuda soviética para manterse en el poder por toda su eternidad”

Genial definición de la UNEAC: “un cascarón de figurones”
Algunos figurones de cascarón: Nicolás Guillén, Mariano Rodríguez y Roberto Fernández Retamar, José Lezama Lima, José Antonio Portuondo; Félix Pita Rodríguez, César López, Manuel Díaz Martínez, Roberto Branly, Fayad Jamís, Lisandro Otero, Jaime Sarusky, Salvador Bueno, Nancy Morejón. Saque usted sus pocas excepciones.

«Sobre algunas corrientes de la crítica y la literatura en Cuba» (republicado de inmediato en el número de noviembre-diciembre de LaGaceta de Cuba «Por considerarlo de sumo interés…»).
1. Así que la UNEACC publicaba los despotriques de Pavón.

“A mi juicio, tanto los ataques personales como el énfasis en ese manojo de poemas demuestran que los documentos a los que hoy podemos acudir no dejan ver más que la punta de un enorme iceberg a cuyo complicado interior es muy difícil acceder desde el presente”.

1. ¿Será por casualidad el Iceberg-Commander?

Esta parte está genial:

“A pesar de que sobre estos acontecimientos se ha publicado un conjunto apreciable de
testimonios,24 la enorme mayoría de ellos han sido escritos por autores que rompieron con la Revolución, y publicados una vez que residían fuera de la Isla. Carecemos de las visiones de otros protagonistas aún vivos, como César López, Pablo Armando Fernández, Antón Arrufat, y también, por qué no, los de Luis Pavón y alguna otra persona de las que se escondieron tras el seudónimo de marras, sin contar con que faltarán ya para siempre los de intelectuales de indudable protagonismo en los avatares cuyo curso estoy tratando de desentrañar, como Nicolás Guillén, José Lezama Lima,
José Zacarías Tallet, José Antonio Portuondo y Félix Pita Rodríguez.” Arturango

Aquí hay que sacar tres conclusiones:
1. El “a pesar” descalifica los testimonios como buenos, sobre todo cuando Arangote echa en falta el testimonio de “los mudos” y “los muertos”. Oye que buen título para una novela “Los mudos y los muertos”
2. Que “los mudos” no se han atrevido “aún” ha hablar del asunto.
3. Que “los muertos” es el último y definitivo estado de “los mudos”

“Al igual que sucede cuando se trata de establecer lo acontecido en el primer caso, en este segundo los textos sólo ofrecen una parte muy reducida de los hechos y de las razones que los propiciaron y, aún más que en el de 1968, ese vacío alimenta especulaciones de toda índole.”
1. A la conclusión que yo llego es que este caso Pavón no acaba de aclararse por falta de pruebas y pregunto ¿cómo es posible que los textos ofrezcan una parte “reducida” de los hechos que ocurrieron hace menos de 40 años? Se imaginan el gran problema que hubiera tenido Arango para investigar hechos ocurridos hace cuatro siglos.

Sobre la autocrítica de Padilla:
“Lo que sí me resulta indudable es que el acto fue pactado con las autoridades que lo encarcelaron, o tal vez propuesto, o incluso impuesto por éstas.” Ara-anguito:
1. Ara-anguito soslaya el hecho que las autoridades que lo encarcelaron son las mismas autoridades que siguen encarcelando en la actualidad.


“Otro daño muy visible fue el empobrecimiento editorial. Privadas las editoriales y revistas de la Isla de incluir en sus catálogos a estos autores, y a otros tantos novelistas y ensayistas, más todos aquellos no cubanos que habían roto con la Revolución o habían tenido posiciones sospechosas, vacilantes, una ola de mediocridad inundó las librerías. Las páginas de las revistas literarias fueron ocupadas por escritores cuyos textos eran enviados por las uniones de escritores de los países socialistas.”

Para mi la más lamentable consecuencia de esta política y de la que no se salvó la industria del libro cubana nunca más, por eso para mi el Quinquenio Gris no es siquiera un eufemismo inexacto si es que esa expresión puede existir. Esta política demolió el arte de la nación y la nación misma si se tiene en cuenta además el aspecto de la educación y que los mismos principios regían para la política y el resto de la vida pública y privada de los ciudadanos cubanos.


“que no fue sólo la creación de esa entidad lo que permitió un “cambio radical” en la aplicación de un tipo de política cultural dentro de la Revolución sino, además, el nombramiento de Armando Hart, una persona alejada por formación y convicciones de las tendencias sovietizantes, “ Aranguren

“Sin embargo, la labor de Hart se realizaba en medio de profundos prejuicios, desconfianzas, resentimientos y oposiciones. Hay datos que así lo confirman, como la tardía reivindicación de algunas de las figuras que estuvieron involucradas en el vórtice mismo de los conflictos del 68 y el 71. En especial, me refiero a César López y Antón Arrufat, quienes vieron prolongarse sus respectivos castigos hasta 1981, cinco años después de la creación del Ministerio y del presunto fin del Quinquenio Gris. Más lamentables aún fueron los casos de José Lezama Lima y Virgilio Piñera, muertos, respectivamente, en 1976 y 1979, sin haber alcanzado ninguno de los dos los beneficios de la nueva política cultural.” Aran...

¿Dónde estuvo en “cambio radical”? ¿Le crecieron las tetas a Armando Hart? ¿Le quitaron la cojera? ¿Le salió una hija trotskista?
No estaba pasando en cultura nada que no estuviera pasando en otras esferas de la vida política, económica y social. La creación del MINCULT fue resultado de una política de “institucionalización” más amplia que comprendía: desde una nueva constitución que ratificara “de iure” la situación política que existía “de facto” hasta la creación de todos los ministerios, el sistema empresarial, la división política administrativa, etc. No era un cambio radical lo que se estaba realizando sino la formalización institucional de una política que se había ya esbozado en 1961. Institucionalización que pasó por “ensayos” como el de los órganos del Poder Popular en Matanzas, antes de que fueran aprobados por el Rex como una vía inofensiva de dar una imagen de democracia y de un gobierno del pueblo que se hallaba ausente hacía ya mucho tiempo. No fue hasta los 90 en vistas de que el horno mundial no estaba para galleticas que aparecieron publicados algunos de los escritores más importantes de Cuba, no sólo Piñera, también por ejemplo, Lino Novás Calvo y Enrique Labrador Ruiz, pero no todos. La grisura de los quinquenios desde 1976 a 1990 no fue menos que la del primer lustro de los 70. Luego de los 90 ha sido la debacle, miles de artista exiliados, desparramados o despachurrados, el desastre editorial, etc. Ni Orwell, ni Solzhenitsin, ni Cabrera Infante, ni Jorge Edwards, ni Vargas Llosa. Es preferible publicar una inofensiva novela como Ulises de Joyce que Rebelión en la Granja o Un día en la vida de Ivan Denisovich, aunque el Ulises sea absolutamente incomprensible para la inmensa abrumadora mayoría de los potenciales lectores.
En el campo filosófico ya no se enseña ni siquiera Marxismo en las universidades. Si antes se salía con una formación filosófica incompleta ahora se sale sin ninguna formación filosófica. Ni Marx, ni Sócrates, ni Engels, ni Nietzsche. Hemos pasado de la cultura del realismo socialista a la cultura del reguetón.

continuará...

analista dijo...

Te quedó bonísimo el final. Sí, para eso hemos quedado. En cada esquina los aseres y moninas "rapeando". Folosofía? La cultura del brete.

luisc dijo...

Confieso que a mi me bastaba con ver a Desiderio caminar por Caimito del Guayabal, disfrazado de Rambo (ésto es literal), tirado por su Rottweiler pura raza, comprado en el corazón de norteamérica, gracias a una de esas becas para izquierdosos que la academia americana les concede a los masoquistas libreros; o escuchar una de sus tantas conversaciones en el "agro" del pueblo, bajándole una muela al Anki o en la guagua de Macario, el pintoresco y cornudo chofer, como para dispararme ahora la trova de su amiguisimo Arango y Lamento y creerme "las Confesiones de Reynaldo". En cambio, me he divertido mucho leyendo el comentario del ocurrente liborio del campo a quien saludo desde el sur del continente.

Duanel Díaz Infante dijo...

Saludos a los tres, y gracias por comentar que últimamente parece que están de huelga los lectores. Muy buenas tus acotaciones a Arango, Liborio. Sólo tengo algunas diferencias mínimas; el quinequenio 1971-76 sí fue más oscuro que los posteriores; acuérdate que, como nos enseñó Dante, incluso en el mal hay grados. Y Un día de Ivan Denisovich sí se publicó en Cuba, creo que en los sesenta. Oye, qué bueno está lo de que Hart pasó por "Cambio radical" (que, por cierto, pasó a mejor vida). Quien está para pasar ahí es el Cucarachón, a ver si lo peinan, lo acicalen y rejuvenecen un pcoo y puede por fin reaparecer en público, je, je. Quiero ver si acabo de terminar un post que tengo medio empezado sobre la cultura en los sesenta, pero mientras tanto, espero por la continuación, Liborio.

Infortunato Liborio del Campo dijo...

El quinquenio 71-76 fue más grís por otras razones, o por las mismas no sé, pero no por la política cultural, sino porque había una profundísima crisis económica. Si recuerdas el principio de los 90 tedrás una idea más o menos de lo que pasó en los 70. Había una inflación tremenda y nada que comprar en las tiendas, sin transporte, etc con una diferencia, la población era mucho menor que los 90 y la población campesina era mucho mayor, por lo que los alimentos de cierta manera no fueron tan escasos y no dejaban de venir las cosas por la tarjeta y los percápitas eran algo mayores comparado con los 90, pero fue una etapa muy gris y muy triste. En la conferencia-cuento del Chino Heras cuando el se encuentra con Arrufat en el capitolio, la descripción de la ropa, era la típica, yo no me acuedo muy bien, pues era un niño, pero en la Universidad un profesor me contó como en los primeros 70 ellos iban a estadio a ver la pelota y las gradas eran una gran mancha gris, porque todo el mundo iba vestido de kaki. Eso de Varela de que a la escuela ibamos en botas, no es una imagen poética, yo fui en botas a la escuela, cuando no en kikos, hasta que me gradué en el 87 y vine a tener un par de Zapatos Amadeos (de salir como se les llama) a principios de los 80. Es decir la grisura era en muchos sentidos, el cambio de color vino con las mariposas de Miami. Estoy de acuerdo en los primeros 70 era gris con pespuntes negros.

Duanel Díaz Infante dijo...

Sí, Liborio, se habla siempre del "quinquenio gris" en la cultura, pero poco de la crisis económica que hubo. Y sí, lo gris fue también en la ropa; eso que comentas del estadio se ve en las imágenes de archivo que hay en algunos documentales; los colores llegaron con la "comunidad" y luego se impusieron con la Casa del Oro y la Plata y las shoppings. Lo de la inflación también es interesante, es consecuencia de la crisis económica y, en cierta medida, puede verse como la contraparte del experimento radical de eliminar el dinero, que se puso en práctica en los planes piloto de 1968.

Infortunato Liborio del Campo dijo...

No he podido terminar la continuación, quiero hacer algo un poco más decente para colgarlo en Liboriolandia pero te comento:

“A falta de sustancia sobran detalles” Joaquín Sabina

“Lo significativo es la recolocación que hizo Hart de los procesos culturales de la Revolución. De acuerdo con aquel discurso, y con las ideas a las que ha sido consecuente hasta hoy, «[l]as raíces populares de nuestro movimiento intelectual se proyectan hacia el socialismo no como un hecho forzado sino como un paso natural en su evolución»,69 con lo que se apartaba radicalmente del mimetismo sovietizante y fijaba su posición en la línea ideológica que reconoce el carácter profundamente revolucionario de la cultura cubana y de sus creadores.” Hart, además, admitió que «para llegar a la solución de las más complejas cuestiones tenemos que estudiar opciones muy diversas y a veces contradictorias»,70 y que «[l]a esencia de la complejidad del trabajo artístico no está en los artistas, sino en la naturaleza de esta actividad».71 Las relaciones entre el Ministerio y los artistas y escritores quedaban establecidas sobre la base del respeto, la convocatoria a la participación y la conciencia de que todos estábamos inmersos en un territorio donde las contradicciones, las dudas, los errores, tenían que estar previamente aceptados como circunstancias del propio desarrollo. A-rango

Aquí Arturo Arango termina por delatarse: Justifica con la complejidad de las cuestiones artísticas y en concordancia con Hart (el sistema) todos los desmanes cometidos contra los artistas, que sólo serían “errores” y no consecuencia de una política dictatorial.
Este era el verdadero objetivo de Arango, que aceptemos con resignación, que "las contradicciones, las dudas, los errores, tenían que estar previamente aceptados como circunstancias del propio desarrollo." Arango se gasta 43 pág y algunas horas de paciencia de los asistentes para esto, para decirnos que sólo fueron errores del pasado y todo estuviera bien si no fuera por el hecho de que Arturo Arango se salta olímpicamente los últimos 18 años de la dictadura. Los problemas acaban en 1988 con un discurso , nada más y nada menos, que de José Abrantes.

La conferencia del chino "Eras León" la veo mucho más sin-cera (o sin vaselina) que la de Arango. Al chino lo machucaron, lo humillaron, limpiaron el suelo con él, pero él sigue siendo leal y pa la p...Yo entiendo más esta actitud que la de algunos que están justificando las limosnas del dictador.

También comparto con Luisc mi alergia por la literatura de estos tipos me refiero a Arango, Desiderio Navarro, Lisandro Otero y la mayoría de esa generación, para mi siempre fueron un vomitivo. Como eran los que aparecían allá por todas partes yo compraba los libros y de verdad que trataba pero que va no podía, era una cosa que no me bajaba.

Espero estar por aquí el lunes, en realidad tenía escrito un poco más pero lo perdí, cuando esto se traba se traba y ni a palo sube.
Chao

Duanel Díaz Infante dijo...

Liborio, cómo no, debes publicar comentarios sobre todo esto en tu blog. Para mí también toda esa gente son un vomitivo, pero como escribo de estas temas me los tengo que "disparar".

Infortunato Liborio del Campo dijo...

Duanel estuve intentando hacer algo serio sobre el tema pero he tenido algunas dificultades. En primer lugar lo serio me va fatal y como el tema es tan poco divertido pues peor. Por estos días perdí el Flah Drive donde guardaba mucha información que había ido recopilando y cuando llegué a la cass me di cuenta que no tenía copia en el PC por tanto no podía consultar todo lo que quería, luego releyendo lo que tenía me di cuenta que sobre el caso Pavón, Fermín Gabor en su segundo artículo sobre la Operación Cárcamal había dicho y muy bien dicho lo fundamental, también tú, Prats Sariol y otros han escrito bastante y bien y al final llegué a la conclusión de que lo que más me motivaba para hacer picadillo era el concepto mismo del Quinquenio Gris de San Ambrosio Fornet, si hay un pecado original está ahí. Tu observación acerca de la grisura del quinquenio también se tornó en motivación. Por supuesto tendría que escribir bastante para desmontar tan bien montada trama pero espero que no me demore año y medio como dice Gabor que demoró San Ambrosio escribir su afamada conferencia. Lo de Arango es secundario pues como ves, es la misma conferencia de San Ambrosio pero con otras palabras, ¿o sería la clase práctica?

Todavía no tiene siquiera una estructura definida pero hasta donde pude llegar con las limitaciones que te cuento, más o menos los tiros van por aquí:

Título: El Quinquenio Gris o ¿El cinqueño Gris?

Definición del Gris.

Para los que no la conozcan: Cape Town es una de las ciudades más bellas e interesantes del mundo. La Ciudad Madre como se le conoce en Sudáfrica es un conglomerado humano de lo más heterogéneo y pintoresco. En ella confluyen y conviven varias culturas y se hablan numerosos idiomas europeos y africanos entre los que se destacan el Afrikáans, el Xhosa y el Inglés; es también una ciudad de grandes contrastes, se pueden apreciar en ella urbanizaciones que nada tienen que envidiarle a la de los países más desarrollados del mundo, centros comerciales como el Water Front o Canal Walk de una gran belleza y sofisticación, por sus calles circulan cientos de miles de automóviles de las más lujosas marcas y en su City se levantan despampanantes hoteles y rascacielos de oficinas, y en sitios como Green Point o Sea Point abundan restaurantes y centros nocturnos de la más alta calidad internacional. Pero no todo es maravilla en Cape Town; junto a la opulencia y el desarrollo de Milnerton, Llandudno, Camp´s Bay, Tygerberg Valley o Brankenfell convive la pobreza de Masiphumelele, Nyanga, Khayelitsha, Macassar y el cinturón de shaks que bordean la autopista N2. La población negra alojada en estos townships vive muchas veces entre la vida y la muerte, enfrentándose no sólo a la miseria propia de un sector de la población donde el desempleo puede alcanzar el 40% sino, también, a un clima de violencia e inseguridad desconocido en esa otra parte de la ciudad donde viven los blancos e incluso los mestizos o coloured. En estos townships trabajé durante dos años ayudando al gobierno de Sudáfrica a construir viviendas para la gente más pobre, los que viven en chozas construidas de planchas de zinc, donde muchas veces no tienen ni suministro de agua o servicios sanitarios elementales y donde están más expuestos a calamidades como los frecuentes incendios y la epidemia del SIDA.

A lo largo de nueve años había realizado viajes esporádicos a diferentes lugares del mundo y había visitado ciudades tan distantes y diferentes como Madrid, Venecia o Caracas, y las realidades de este mundo no me eran ajenas, desde la plaza de San Marcos y El Puente de los Suspiros hasta el Sambil o los cerros del Avila; pero cuando en diciembre de 2005 regresé a Cuba después de mi primer año viviendo en Cape Town el choque fue impresionante. La única imagen que se me ocurre para describir esta impresión sería la de comparar una película en colores con una película en blanco y negro, sólo que la de blanco y negro no era una película sino la realidad cubana. Los edificios destruidos como bajo el efecto de los bombardeos de Beirut, las casas sin pintar, las carpinterías arruinadas, las calles y carreteras llenas de baches, los infernales camellos, los tremebundos centros nocturnos, restaurantes y cafeterías expeliendo maloliente reguetón por todas partes, los antiguos automóviles americanos o soviéticos despidiendo el mismo humo negro, las personas mal vestidas o, más bien, vestidas de cualquier manera, la mesa redonda, la repetición de los mismos programas y novelas tantas veces repetidos en la televisión, las mismas mentiras del noticiero; excepto la siempre espléndida mujer cubana, todo era hollín, sucio, cutre, feo, apestoso, caluroso, pegajoso, asqueroso. Me tomó dos o tres días para darme cuenta que había llegado al Gris.

San Ambrosio: Vapuleando el Término.

No hay nada más cómodo, útil y perjudicial para el pensamiento humano que las etiquetas. Es fácil ser doctor de casi cualquier cosa relacionada con el arte, la literatura, la filosofía, si se aprenden algunas etiquetas con apariencia de verdad. Repítase hasta el infinito, “el ser social determina la conciencia social”, “la religión es el opio de los pueblos”, “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”, “materia es todo aquello que se encuentra fuera de la conciencia del hombre”, acompañe estos slogans con algunos nombres raros y famosos como Jameson o Sartré y ya se habrá usted graduado doctor en Marxismo, aunque no tenga puta idea de cómo se construye una carretera, se dirija una escuela o se administre un hospital. Según algunos de estos doctores se puede usted graduar de Marxismo hasta por televisión. O por el contrario cambie estas etiquetas por otras al uso como “el fin de la historia”, “capitalismo postindustrial”, “libre actuación de las leyes del mercado”, “el fracaso del comunismo”, y añádale algunos nombres como Fukuyama y se habrá usted graduado de doctor en neoliberalismo, aunque usted se vea delante de un balance contable como Napoleón delante de jeroglífico egipcio.

Pero lo que hace más feliz a cualquier intelectual es inventar algunas de estas etiquetas para que cientos de imbéciles las repitan, como se repite el Padre Nuestro que estás en los cielos, pero con más devoción.

Un eufemismo eufónico, estrecho, inexacto y conveniente.

El término “Quinquenio Gris”, acuñado por San Ambrosio Fornet, parece, por consenso, definir el período de los cinco años que siguieron al tristemente célebre Primer Congreso de Educación y Cultura, cuando fue más descarada, o sin menos escrúpulos ejecutada, una política cultural esbozada por El Omnipotente en su famoso discurso “Palabras a los Intelectuales” y que fue definitivamente sancionada en el mencionado Congreso.

Es sabido que un mecanismo muy utilizado por la mente humana para protegerse del miedo a una situación extremadamente desagradable o traumática, es el olvido. Las personas olvidan para no enfrentarse más con el dolor que les produce el recuerdo de esa situación que los ha afectado visceralmente. Quizás la única manera de que la repetición posible de ese hecho que nos ha conmovido terriblemente no nos persiga durante el resto de nuestras vidas es olvidarlo. Los avestruces esconden la cabeza para no ver el peligro y algunos seres humanos ocultan el rostro cuando observan películas de horror. Ese mecanismo es útil cuando el trauma es personal, pero cuando el evento que lo produce es de una naturaleza colectiva y cuando las causas que lo produjeron siguen rodeándonos, hay que buscar otro método que nos proteja del miedo a la repetición y en algunos casos puede ser útil inventar una teoría, un término que reduzca el hecho y sus causas a circunstancias que no se pueden repetir. De esa manera el término Quinquenio Gris se convierte en una etiqueta útil porque reduce las circunstancias (hechos, causas y efectos) a un período de tiempo (Quinquenio) situado en un pasado remoto que no se podrá repetir y por otro lado le da un matiz neutro (Gris), que según la imaginación de cada cual contendrá más o menos luz, con la única certeza de que no es enteramente blanco, pero, sobre todas las cosas, tampoco enteramente negro y por tanto no enteramente condenable.

Cuando en Cuba se parametrizan los escritores, artistas, intelectuales en general, se castigan, se expulsan de sus centros habituales de trabajo o se les condena a ejercer oscuros oficios como bibliotecarios o fundidores de acero, se prohíbe la publicación de sus obras aunque hayan ganado premios literarios que conllevan a su publicación, se hacen pulpa ediciones completas de libros ya publicados, se ejerce la censura y la autocensura, se convierten en asilados políticos o se les prohíbe salir o regresar a su país en uso de sus más elementales derechos humanos; cuando poetas, bibliotecarios y periodistas independientes, son encarcelados por ejercer su derecho más elemental de expresar libremente lo que piensan…etc y cuando alguien pregunta. ¿Es verdad que todas esas cosas pasan en Cuba? Es muy útil la respuesta. -Ah! si, eso fue el Quinquenio Gris- aunque los artistas, escritores, poetas, periodistas, intelectuales hayan sido, castigados, expulsados, censurados, maltratados y encarcelados en la soleada mañana de ayer.

Cuando nos despertamos el comandante todavía estaba allí.

También se sabe que, con el olvido, los problemas sólo se resuelven en la apariencia. Tenemos la sensación de que el problema no existe porque lo hemos olvidado conciente o inconcientemente. Hasta un día. Ese día nos volvemos a encontrar con el problema real y ese día se desatan los miedos que hemos estado evitando durante años y cuando estos miedos son colectivos, entonces, cunde el contagioso pánico.

Las cabezas de turco.

La aparición de Quesada, Serguera y Pavón en la televisión cubana fue el detonante del pánico. Los fantasmas del pasado reaparecían y en algunos casos se le hacían homenajes públicos. A lo más que atinaron algunos, luego del primer impacto del pánico, fue a intercambiar emilios. Personas que se suponen importantes en la cultura de un país y que en cualquier otro hubieran accedido inmediatamente a espacios en la prensa, en los medios políticos, o en el gremio correspondiente para manifestarse abiertamente contra cualquier tropelía, en lugar de hacer publica su enérgica protesta o su desagrado por la resurrección de tales personajes se dedicaron a intercambiar emilios, estos se hacen públicos por la acción de escritores y artistas que se encuentran fuera del país, aunque no, fuera del juego y le dan la trascendencia que el caso requiere.
La reacción de las autoridades por tal revuelo que ha alcanzado repercusiones más allá de las fronteras cubanas no se hace esperar, el ministro se reúne con los responsables de tal irresponsabilidad y exige explicaciones. La respuesta:
(“No hemos sabido —y tal vez nunca sabremos— si el disparate mediático respondía a una insidiosa operación de rescate, a una caprichosa expresión de amiguismo o a una simple muestra de irresponsabilidad. No importa.”) San Ambrosio.

Que misterio tan grande rodea a los inculpables.

Solución del conflicto.

Dictatum de la UNEACC a volver al olvido

Las conferencias. Orígenes.

(“Por increíble que pueda parecer, la persona que dirigió el programa «Impronta» dedicado a Pavón —cuyo libreto había sido escrito por una compañera—, nos aseguró que no sabía quién era el personaje, o más exactamente, que no sabía cuál era la «impronta» que éste había dejado en la cultura cubana durante su gestión como presidente del Consejo Nacional de Cultura (CNC). Tampoco lo sabría después, porque sobre eso se tendió un cauteloso manto de silencio en el programa.”) San Ambrosio.

San Ambrosio nos asigna el papel de imbéciles. Pretende que aceptemos la excusa de la ineptitud como justificante para la aparición de los comisarios políticos en la televisión cubana y hasta podríamos haber hecho este papel de idiotas si no fuera por el hecho de que otros dos comisarios políticos habían aparecido en un espacio relativamente corto de tiempo ante las cámaras de esa misma televisión y que uno de ellos era asesor del programa donde se produjo su aparición. No obstante este es el pretexto para que San Ambrosio y otros intelectuales dicten unas conferencias sobre el tema en un lugar alejado de la ciudad y sin acceso libre de los interesados, con el pretexto de explicar que fue el Quinquenio Gris y quienes fueron Quesada, Serguera y Pavón para convertirlos en cabezas de turco de la política cultural de la dictadura.

Los mismos métodos para abordar el conflicto, intercambio de emilios, reuniones con los responsables, ukasés de la UNEACC y conferencias secretas explicativas, no hacen más que confirmar que el Quinquenio Gris no ha terminado.

La carretera de Volokolamsk y Los hombres de Panfilov.

Dice Arango: “Siempre me ha llamado la atención cómo, con posterioridad a la creación del Ministerio de Cultura y, sobre todo, a partir de 1980, apareció desembozadamente entre nosotros el término realismo-socialista, que en las décadas anteriores sus defensores se esforzaron por mantener oculto”

¿Quiénes eran sus defensores? es la pregunta que debiéramos hacer en este caso, evidentemente no eran los Cabezas de Turco, porque ya para esa época donde se supone más que terminado el Quinquenio Gris, las otomanas testas estaban fuera del circulación. ¿Cómo es posible que muchos años después el realismo socialista lejos de estar ante el pelotón del fusilamiento estaba dirigiendo el pelotón de fusilamiento? Quizás lo que sigue pueda esclarecer en algo esta pregunta.

Es muy llamativo que en las conferencias de San Ambrosio y de Eras León salgan a relucir estas dos novelas de Alexander Bek. ¿Qué ha hecho resucitar a Momish-Ulí de su desierto kasajo? ¿Qué de magnífico hay en estas novelas? ¿Cuál es su mérito literario? ¿No son estas dos novelas como dice José Alejandro Rodríguez de Juventud Rebelde ejemplo del más "beligerante" realismo socialista? Hecho que reconoce el Ex_León en su propia conferencia como opinión de muchos. ¿Por qué Eras León no metió en su mochila de miliciano La Guerra y la Paz, ¿Por quién doblan las campanas? o por lo menos De la Guerra de Clausewitz? ¿Fue la carretera de Volokolamsk la “gran novela” que lo definió como escritor, la estética que le guiaba los pasos en la literatura? Debe ser por eso que cuando Saramago supo a lo que se dedicaba en el taller Onelio Jorge Cardoso dijo: ¿Técnicas narrativas? ¿y eso que cosa es? Parece que Eras León no supo responder. Quizás si le hubiera mencionado La carretera de Volokolamsk, Saramago le hubiera vuelto a preguntar ¿y eso que cosa es? También San Ambrosio incluye las de Alexander Bek dentro de la categoría de “novelas respetables” de la literatura soviética, junto a las de Sholojov, con el que hago distinción por haber sido reconocido como premio Nobel de Literatura, sin embargo ninguno de los dos conferencistas menciona El Don Apacible o Campos Roturados como preciada carga para milicianas mochilas. Pienso que en algún momento el destacado teórico San Ambrosio definirá el término Novela Respetable y explicará como el realismo socialista no era «intrínsecamente perverso» cuando ya, de por sí, ponerle una etiqueta de signo ideológico a una expresión artística entraña toda la perversidad imaginable.

Entonces el realismo socialista no era algo tan oculto, tan enmascarado, tan embozado, sino que era el ideal artístico de estos compays que aprendían marxismo por televisión, escuchando los discursos del Discurseante. Y si era su ideal artístico ¿Por qué los siquitrillaron? Es que al final la bronca no era si había realismo socialista o no, la cosa no estaba en escoger entre Lezama y Alexander Bek, sino simplemente, que el energúmeno violento y grotesco que había tomado el poder no sabía distinguir estas sutilezas artísticas. Eso explica que tanto ñangara cayera en la corrida del pargo. En Africa Mía, el jefe de la tribu, marca la altura hasta la que los niños podían ir a la escuela en un palo con el machete. La explicación era que si los niños mayores de esa altura iban a la escuela podría peligrar el poder del Jefe. De lo que se trataba era, de que nadie podía saber más que la horda bárbara que tomó el poder y el tipo de literatura que se permitía era la que podían “entender los funcionarios”, que en este caso eran algunos miles de guajiros analfabetos que bajaron de la sierra vestidos de verde olivo, con las barbas crecidas y collares de semillas colgando del cuello y tanto en Cuba como en África todo el mundo sabe lo que significan los collares de semilla. Las Palabras a los Intelectuales fueron el machetazo en el palo de hasta donde podían llegar aquella bola de vagos y maricones que constituía la intelectualidad.

El omnisciente, Armando Hart y el Teatro Amadeo Roldán.

Pero como estas son cosas del pasado, que sólo se remiten al período de los primeros años de los 70, yo voy a contar una anécdota que me contaron. En esta anécdota aparece un personaje pintoresco mencionado por Eras León en su Testimonio de Lealtad y este personaje es Máximo Andión que por esos años, finales de los 80 y principio de los 90 era jefe de las Microbrigadas de Ciudad de la Habana, y estaba involucrado en un montón de obras como la de Expo-Cuba, la de los Panamericanos de 1991 y la reconstrucción del Teatro Amadeo Roldán.

Ya el sólo hecho de que por más de dos décadas en la Ciudad de la Habana no hubiera un espacio para la música sinfónica y de cámara, desde que el Teatro Auditorium fuera víctima de una acto terrorista, da una idea de la importancia que le daba y la consideración que tenía La Revolución al arte.

La escena ocurre en la “Cueva del León” o Palacio de "La Revolución", donde Él acostumbraba a pedir cuenta por el avance de las obras que Él “apadrinaba” personalmente, es decir las que eran idea suya directamente, porque el resto eran idea suya "indirectamente" y donde decidía que prioridades y recursos serían asignados. Allí Máximo Andión se queja de la asignación de recursos que se le hacían al Amadeo Roldán y le explica sus “razones”. El Máximo Lider se fue enfureciendo a medida que el Máximo Andión le hablaba y cuando este terminó su exposición en un rapto de ira tomó el teléfono y llamó al Máximo Hart y le dijo más o menos estas palabras. –Oye Hart, explícame como es lo del teatrito ese. ¿es verdad que estamos gastando millones para hacer una cueva de maricones y tortilleras?- respuesta de Hart inaudible y luego- Si, ven para acá para aclarar el este asunto. La fiera permaneció el poco tiempo que tardaba Hart de pie sin pronunciar palabra, bufando y con los ojos inyectados en sangre.

Tan enfurecido como El Magno se apareció El Cojo Canas. Hay que reconocer el valor del cojo al enfrentarse a la fiera: –Oye Fidel, fíjate lo que te voy a decir, nosotros no estamos construyendo ninguna cueva de maricones, como te han dicho- Máximo Andión oyendo la conversación, hizo mutis por el foro, porque aunque él había prendido la candela y le había echado leña, la bronca era de proporciones mayores a su calibre. Al final El Cojo convenció Al Barba, no de que el Auditórium era una obra necesaria para la cultura nacional, sino de que era rentable y que con no se cuántos conciertos de la Sinfónica Nacional se pagaba la construcción de un teatro que apenas llegaba a la mitad de butacas del original, porque después de 30 años de Revolución al parecer había muchos menos amantes de la música clásica que en la época de la república mediatizada y de la sanguinaria dictadura. A buen entendedor…con pocos ladridos basta.

Infortunato Liborio del Campo dijo...

La historia (nueva para mi) de las Siete Secuencias de Abel Prieto, del Abicú, confirma mi tesis (con preso incluido) de que el Quinquenio Gris no ha terminado y que el término de San Ambrosio está diabolicamente diseñado para desviar la atención, a no ser que se le interprete como el Quinquenio Gris de los reivindicados. ¿y los otros? Muy bueno también lo que escribió Días de Villegas en Penúltimos días y "Como Focas Amaestradas" de Prats Sariol.