lunes, 11 de junio de 2007

Esplendor y miseria del deporte "revolucionario"

Tan característico de las secularizadas sociedades de masas del siglo XX como el star system o los hit parades, el deporte ha sido utilizado con evidentes fines propagandísticos por los estados totalitarios: recordemos las Olimpiadas de 1936 en Berlín y, más cerca ya de nuestra propia experiencia nacional, la gran cantidad de recursos destinados a su práctica en la Unión Soviética y sus satélites, cuyas competiciones con los Estados Unidos en escenarios mundiales se convertían en sordas batallas de la Guerra Fría. Lo que estaba en juego era, al fin y al cabo, lo mismo que en la carrera espacial: ¿quién podía, en este caso en la tierra, correr más, el hombre nuevo, desinteresado y comunista, o los atletas profesionales del mundo capitalista?

En Cuba el gobierno revolucionario no tardó en aprovechar el deporte para alentar, por medio de la manipulación y la catarsis, los sentimientos nacionalistas de la gente. Desde la “hazaña” de los deportistas del Cerro Pelado en los Panamericanos de San Juan hasta la de los boxeadores del Mundial de Houston, convertidos en héroes por el solo hecho de haber sido descaradamente despojados de sus triunfos, nos sabemos de memoria estas historias que explotan hasta la saciedad la confrontación política con Estados Unidos y nutren abundantemente el kitsch comunista cubiche. ¿Cuántas medallas olímpicas no han sido dedicadas a nuestro invencible Comandante en Jefe? ¿Cuántas veces no hemos oído que los atletas cubanos no compiten por dinero o afanes individuales de gloria sino en nombre de todo un pueblo y de su Revolución?

Las críticas al profesionalismo que han sustentado ideológicamente el desarrollo del deporte revolucionario desde que en 1960 se celebrara la primera Liga Nacional de Béisbol, no alcanzan a ocultar un hecho obvio: los cubanos, como los soviéticos en su día, no son en realidad amateurs, sino profesionales que tienen por único representante a un estado que les paga un sueldo por un empleo nominal mientras de hecho se dedican exclusivamente a la práctica y la competición deportiva. Poco tienen de aficionados esos deportistas que, captados desde la base e intensivamente preparados en escuelas especializadas, han alcanzado grandes éxitos en disciplinas como el atletismo, el judo o el boxeo.

No está de más recordar, además, que la descalificación del profesionalismo que se encuentra en los orígenes del movimiento olímpico moderno es genuinamente aristocrática: sólo los patricios pueden cultivar desinteresadamente el deporte, mientras que los pobres plebeyos tienen que usarlo como medio de vida. En el caso cubano, los tintes conservadores del olimpismo se perciben en la defensa del sport que acoge una revista racista como Cuba Contemporánea, mientras que, en contraste con ese tipo de ideales, el deporte profesional ha sido, como la música popular, una provechosa vía de ascenso social para individuos procedentes de grupos marginados, como los obreros y, sobre todo, los negros: es ese el caso ejemplar de Kid Chocolate.

Y en ello la Revolución ha sido, en buena medida, una continuación: campeones como Ana Fidelia Quirot y Félix Sabón son los “chocolates” de los tiempos rojos, aunque en mi opinión es aquel –son, en general, los de antes– los auténticos mitos del deporte cubano, lo cual resulta paradójico si tenemos en cuenta que es en las últimas décadas cuando se han conseguido, tanto en lo individual como en lo colectivo, mayores logros. Quizás se deba a que los de a.C. (antes de Castro), no tutelados por el Gran Hermano, representan de forma más pura el drama de la superación personal, la gloria y la caída, y no han tenido que ajustarse al molde del revolucionario integral que la normativa comunista impone. ¿No son los mitos más arraigados del deporte revolucionario los que, como Rey Vicente Anglada, han entrado en algún momento, aun a pesar suyo, en conflicto con el estado?

Pero, volviendo al tema, parece evidente que el hecho de que el deporte sirva como medio de ascenso social para grupos desfavorecidos, unido al sistema de laboratorio que se utiliza en Cuba, explica que los negros estén representados en este campo en una proporción mucho mayor a la que ocupan en el conjunto de la población. Atribuirlo a factores genéticos, cosa plausible en alguna medida para determinadas disciplinas como las carreras de velocidad, se revela, en general, como una falacia si tenemos en cuenta lo que ocurre en otros países con niveles de mestizaje similares al de Cuba. Compárese por ejemplo las composiciones raciales de las selecciones cubanas de volleyball, integradas casi exclusivamente por negros, con las de Brasil, en las que hay negros, blancos y mulatos en similares proporciones. Y es también muy significativo que en el béisbol la preeminencia de negros y mestizos en los equipos cubanos sea mucho mayor que la que existe en un país como Estados Unidos. Los únicos atletas cubanos blancos descollantes son, prácticamente, los del ajedrez, lo cual pone de manifiesto no la superioridad física de los negros sino las condiciones de desventaja social que los llevan a dedicarse más al deporte de alto rendimiento.

¿Por qué tantos negros en la ESPA y tan pocos en la Lenin? Ante esta pregunta, o apelamos a un falaz argumento racista, o reconocemos que el contraste manifiesta una diferencia de oportunidades al interior de la sociedad cubana. Provenientes en muchos casos de familias numerosas y con bajo nivel educacional, desde niños los talentos negros son “becados” en escuelas deportivas: es así como los mejores ascienden social y económicamente al punto de poder estrechar la mano del Comandante y poseer un auto moderno, privilegios al alcance de muy pocos.

Pero estos “productos de la Revolución” carecen, como tales, de autonomía. El estado le quita buena parte del dinero que ganan y, en los casos en que la permite, limita su participación en ligas profesionales extranjeras. No olvidemos que los caprichos de Castro han afectado a no pocos atletas que lo veneran. Si Cuba hubiera participado en los Juegos Olímpicos de Seúl, donde hasta la Unión Soviética y sus satélites europeos asistieron, posiblemente Ana Fidelia Quirot, que ese año lideró ampliamente tantos los 400 como los 800 metros, tuviera una (o quizás dos) medallas de oro olímpicas. Y Mireya Luis tuviera quizás cuatro.

Pero en los últimos años los conflictos surgidos entre los intereses de los atletas y los del estado se intensifican, como se ha puesto de manifiesto en el volleyball con la destitución de Eugenio George, exitoso entrenador de “Las morenas del Caribe”, y en el caso masculino, cuando la casi totalidad del equipo titular se “quedó” hace algunos años en Italia para poder jugar profesionalmente, lo cual fue presentado en los medios informativos como una “renovación” del plantel. Estas tensiones se agudizan, claro, en el béisbol, donde la confiabilidad ideológica ha condicionado por mucho tiempo las selecciones nacionales: ya no son los tiempos del caso Anglada, y el hecho de que este haya logrado convertirse en manager del equipo Cuba es muy significativo de los que corren. La práctica de atletas como Liván Hernández y Niurka Montalvo se generaliza: cada vez son más los “quedados”, sobre todo en el béisbol, donde los mecanismos de control de las instituciones deportivas no alcanzan a contrarrestar el “efecto llamada” de los que, sin ser necesariamente estelares, consiguen jugosos contratos en las Grandes Ligas.

A esta crisis se unen claros indicios de que el dominio cubano en muchos deportes comienza a perderse, a medida que la práctica profesional de algunos como el volleybol se extiende más por el mundo, y que en otros como el béisbol los profesionales son aceptados en las competiciones internacionales. Si finalmente el boxeo, hoy en franca decadencia en su modalidad amateur, sale del programa olímpico, Cuba bajará muchos puestos en los medalleros y la imagen de potencia deportiva que se ha creado en el mundo comenzará a desvanecerse. Que así sea, si ello significa que hemos abandonado nuestra artificial excepcionalidad para entrar de una vez en la normalidad democrática. Antes que el pueblo más culto, el más heroico y el que da los mejores deportistas, es mejor ser, sencillamente y después de tantos años, gente.

10 comentarios:

machetico dijo...

Esplendor, Dua. Lo otro suena a brillo gastado.
machetico

Duanel Díaz Infante dijo...

Thank you, Machete. Acabo de corregirlo.

Sosa dijo...

Martes deportivo en la blogosfera. Juro que puse mi post sin saber de este. Bueno, eso demuestra que le podemos hacer swing a la bola, desde cualquier orilla. Duanel, sigue cazando la buena. Ja ja. Saludos revolucionarios.

analista dijo...

Duanel, que yo sepa se llama en Cuba Serie NAcional de Beisbol y no Liga.
además:
Existe un libro en alemán que no sé si estará traducido que se titula "Die IQ Falle" (La trampa del IQ). Es un libro de investigación científica pero en un lenguaje acequible. En el libro se publican estudios, en los que la población negra tiene en la parte sustancial de la curva de distribución un IQ promedio mucho más bajo que la raza blanca. Por eso no me asombra de que no haya ningún premio nobel de ciencias negro y que en el ajedrez sean blancos los deportistas.
Sobre la genética también estás equivocado, pues se ha comprobado que un gen de la raza negra produce un fortalecimineto en los músculos sobre todo de las extremidades.

Muchos saludos

Anónimo dijo...

Que yo sepa en la actualidad se habla de mas de 9 tipos de inteligencia, entre ella lógico matemáticas, espacial, musical, intrapersonal, emocional, etc. Yo creo que el tal IQ no se basa en ese criterio admitdo ya. Muchos psicologos aplican test de "inteligencia" que al parecer sólo miden la inteligencia lógico matemática y creo que es precisamente esa la que llena a las Lenin y de otro tipo llena a las escuelas deportivas aunque, para nada, una esta reñida con la otra. Duanel, por eso mismo que dices, jamas me ha alegrado un triubfo cubano en el deporte porque siempre he creido 1. Que eso es tomado siempre para politiquería 2.- Que no existe deporte amateur en Cuba. Me gusta tu analisis.

Duanel Díaz Infante dijo...

Gracias, Anónimo. Analista, no niego que genéticamente los negros estén mejor dotados para determinados deportes, como las carreras de velocidad, pero eso no explica lo que ocurre en el volleyball. ¿cómo explicar que en un país con una composición demográfica semejante a la de Cuba como Brasil, los equipos tengan blancos, negros y mestizos, mientras que en Cuba estén compuestos casi exclusivamente de negros? ¿Habrá alguna diferencia genética entre los negros cubanos y los brasileños? Evidentemente, detrás de esto hay algo que no tiene que ver con la genética.

analista dijo...

Anónimo de las 21:05

IQ hay uno sólo. Ya que con la edad predomina la intelegencia cristalina sobre la inteligencia fluida (genética) existe una relación IQ y edad. Todos los demás "Q" z.B EQ para la "inteleigencia" emocional) no son verdaderamente inteligencia, sino caractéristicas y atributos de las diferentes personalidades.
Si bien podemos decir que los círculos culturales tienen infleuencia sobre la inteligencia cristalina y por tanto las clases pobres o bajas están en desventaja, no es así con la inteligencia fluida. Si la naturaleza no te dotó de la misma, no hay forma de ser "más intigente" respecto a la facultad analítica.

Anónimo dijo...

Duanel:

Semejante a los brasileños, pero no tanto. Semejante será porque los negros venían de la misma zona de Africa que los nuestros, pero en Brasil existe una gran insidencia de inmigrantes procedentes de Alemania, Italia, Japón, etc, que nosotros no tuvimos, o al menos no en la misma medida que tuvieron otros países de América.
A mi me parece que has querido buscarle la 5ta pata al gato, al mezclar el tema del racismo, porque eso que pasa en Cuba con respecto a las clases más bajas y el deporte de alto rendimiento, pasa en casi todas partes del mundo y si no fíjate en el fútbol.
El gobierno de Cuba quiso incluso promover deportistas negros en disciplinas que usualmente no se ven negros, por ejemplo en natación, en los años 70 y tantos estaban Lenin y Claribel que no lo hicieron tan mal. Los equipos de polo acuático de aquellos años también tenían los suyos y recuerdo particularmente a Oscar Periche que ha sido el mejor portero cubano de todos los tiempos. También ha habido clavadistas negros o mulatos como Abel Ramírez que hasta el otro día competía.
Lo que pasa es que tú eras muy pequeño cuando aquello.
Por otra parte en la Lenin había también negros, yo estudié ahí y me gradué un año después que tú naciste. Pero sin dudas era la época de la " revolución educacional", la gente quería ser científicos, profesionales, en fin.
Ahora es al revés, allá tengo a mis sobrinos, y mi hermana luchando porque entren en una escuela de deportes y quieres saber por qué??
1- los profesores son mejores, son los que han desertado de las escuelas en el campo
2- los estudiantes no van al campo y las becas son cerca de la ciudad y además hacen el pre. Lógicamente tienen que rendir como deportistas pero bueno.

Siempre te leo y me parecen muy interesantes tus comentarios.

un saludo

Anónimo dijo...

No vayas a Princeton con ideas como "no niego que genéticamente los negros estén mejor dotados para determinados deportes, como las carreras...": que te tiran a la hoguera.

Infortunato Liborio del Campo dijo...

Lo que si es una realidad es que la imagen que tiene el mundo de Cuba es que es una isla de negros, porque donde único ven cubanos (públicamente) es en las competencias deportivas y la inmensa mayoría son negros Cuando yo llegué a Sudáfrica alli se asombraban de que la abrumadora mayoría éramos blancos. Es decir cuando les hablaban de un ingeniero cubano se lo representaban negro y se notaba luego el choque cuando veían a un blanquito.

En Matanzas también la mejor escuela es la de deportes ESPA por la misma causa que apuntaba anónimo. Lo sé porque tenía un hijo allí. Hasta la hija del primer secretario del partido de la provincia Victor Gaute estaba en la ESPA, creo que en Pelota Vazca pero en la escuela no había ni cancha de pelota vazca, estaba allí porque que era la mejor escuela con los mejores maestros aunque el deporte no existiera.

Creo que las causas están en que los negros no tuvieron su "Revolución", o la tuvieron en los papeles en las leyes quizás pero no en lo material y es que es negro de la habana vieja o de La Marina o Simpson en Matanzas, siguió viviendo en las mismas condiciones paupérrimas en las que vivió antes y una vía de escapar era el deporte o las agrupaciones musicales es decir las mismas vías que tradicionalmente había utilizado el negro para salir de la pobreza. También son mayoría en la construcción y apuesto a que escasean entre los médicos, aunque quizás haya bastante más enfermeras de la raza negra y casi seguro habrá más negros presos que blancos y muchos menos en los centros de investigación y de la biotecnología, donde seguro habrá más probabilidades de que sean auxiliares de limpieza.

¿hay algún estudio serio sobre esto? Me temo que no. Pero de fuentes muy oficiales se puede extraer que antes de comenzar el plan de universalización de la enseñanza, el 70% de los que entraban a las universidades eran hijos de profesionales y dirigentes,el resto distribuido entre obreros, campesinos, etc. En mi época de la vocacional graduación del 82 se podían contar los negros con los dedos de las manos. De mi año de la universidad de la villas se graduó un sola negra (la misma que venía de la vocacional de Matanzas) La inmensa mayoría de los negros que se graduaban en las universidades cubanas era africanos o antillanos, mientras que los negros nuestos se quedaban brutos. Entonces creo que no era un problema genético.