viernes, 6 de julio de 2007

Carta abierta a Juan Antonio García Borrero

Juan Antonio:


También yo he seguido con mucho interés tu blog sobre cine cubano, y no puedo negar que tienes razón cuando dices que “en el noventa por ciento de las oportunidades no coincidimos en la forma de mirar e interpretar los hechos”. Así quedó claro cuando manifesté mi discrepancia de tu interpretación del pavonato, y antes, de forma tácita, al ofrecer pruebas del dogmatismo de Alfredo Guevara. Ahora, tu carta abierta hace aun más evidente cuán irreconciliables son nuestras respectivas posiciones sobre la "cuestión cubana".

Dices que mi percepción de la Revolución es apocalíptica; yo no te diré que la tuya es integrada, pero sí que es bastante frágil; como te comenté en una ocasión, estar “con los indios y con los cowboys” es casi imposible en este caso. La Revolución no admite esa crítica de fondo que pasaría por el señalamiento de un hecho evidente: es una dictadura y, como tal, no deja espacio para el debate y la libertad.

Nuestra discrepancia, Juan Antonio, no proviene de nuestras respectivas “miradas primigenias”. De hecho esta mirada no existe: ambos escribimos desde la altura histórica del presente, e interpretamos forzosamente desde ella. Yo no olvido que 1959 fue una fiesta, que entonces el triunfo de la revolución pareció el cumplimiento de aspiraciones y promesas varias veces frustradas. Cuando reproduje el interesante testimonio de Piñera, escribí: “Leído hoy, ese "minuto sagrado" en que el pueblo se apoderó de la ciudad fue el momento único en que la nueva dictadura no había comenzado pero ya se forjaban sus mitos: esos anacrónicos capitanes que parecían salidos de otros tiempos más románticos, batallas legendarias y cuadros de grandes pintores. Insospechadas serían, para todos, las consecuencias de aquella portentosa inundación del 1 de enero de 1959: como Saturno, la Revolución devoraría a sus propios hijos, arrasando, al fin, con el propio Piñera, que habría de experimentar en carne propia una "muerte civil" mucho peor que la indiferencia que rodeaba a los escritores en la República. Pero eso sería después; en los primeros días de enero, cuando Piñera reivindica la utilidad de los escritores, la Revolución era, para muchos, una promesa de vita nuova, en la que no se adivinaban los círculos del infierno.”

Es justamente ese proceso posterior en que Fidel Castro se deshizo uno por uno de sus antiguos compañeros de lucha que resistían la deriva comunista, e incumplió todas sus promesas de libertad y democracia, lo que pasas por alto cuando afirmas que 1959 “es el año que convierte en tangible una esperanza colectiva desde hacía mucho tiempo acariciada”. Para mediados de 1961, estaba claro que los intelectuales soportarían un control ideológico que nada tenía que ver con la censura de los tiempos de Batista; un año atrás, en abril de 1960, habían sido nacionalizados todos los periódicos y las revistas, incluyendo a Bohemia, que era antibatistiana y que no miraba sólo al Vedado: recuerdo en las excelentes Bohemias de los años 50 varios reportajes sobre los barrios marginales de La Habana, mientras que la anodina revista que hoy lleva ese nombre presenta semana tras semana un país de fantasía. Antes, en los primeros meses de 1959, habían sido los fusilamientos, indiscriminados y televisados.

Que la mayoría del pueblo, incluyendo a los intelectuales, haya apoyado al régimen entonces no lo hace menos dictadura: la democracia es, como recordaba Rosa Luxemburgo, el respeto a la minoría. Y pronto se hizo evidente que el discurso del igualitarismo encubría la hegemonía de una casta de dirigentes y funcionarios -esa “nueva clase” radiografiada por Djilas-, que bien vive en las zonas congeladas mientras el pueblo soporta hambre y necesidades de todo tipo. Obviar esa historia de miseria y represión que aun dura es, en mi opinión, ideología en el estricto sentido marxista del término, pues enmascara las verdaderas relaciones de dominación.

Como es ideología afirmar “que lo peor que ha podido pasar ha sido la paulatina clausura del espíritu crítico en la esfera pública, por miedo a entregarles “armas al enemigo”.” No, Juan Antonio, el enemigo no ha sido más que la coartada perfecta para militarizar al país, eliminar la sociedad civil y perpetuar a un solo hombre en el poder. No sólo se ha clausurado “el espíritu crítico”; se ha reducido todo opositor o desafecto a categoría infrahumama, tal como ocurrió en la Unión Soviética bajo Stalin. En Cuba ha habido campos de concentración (la UMAP), campos de trabajo (aquellos a donde mandaban por dos años a los que presentaban la salida), pueblos enteros trasplantados, cientos de presos políticos.

“El inconveniente que le veo a esa visión apocalíptica que aplicas al período post-59, es que da por sentado que todo lo que había antes estaba bien, y todo lo que ha llegado después, ha estado mal.”, dices. Pero fíjate si nunca he dado tal cosa por sentada que en la primera entrada de mi blog, una reseña crítica de lamentable película de Andy García, escribí: “La ciudad perdida nos deja una importante lección: no se debe oponer una verdad de la República a la verdad de la Revolución, pues este legitimismo, frontalmente opuesto a los contenidos del discurso oficial del castrismo, termina repitiendo sus formas. Mitifica a la República como se sacraliza, desde el bando contrario, a la Revolución. Ciertamente, la Revolución que muestra esta película –una “oscuridad” en el mediodía luminoso de Cuba, dice uno de los personajes– se parece bastante a la República que en la escuela primaria nos definían con tres rotundas palabras: “hambre, miseria y explotación”. Y la República no es, ciertamente, ese Mal absoluto, pero tampoco es este cabaret, esta casa familiar llena de lujos, esta Habana llena de coches americanos nuevos y relucientes como luces de neón.”

“La ausencia de matices propicia el riesgo de pensar a Cuba como un engendro que hay que resetear de manera drástica para comenzar de cero.”, dices. Por mi parte, percibo en estas palabras tuyas esa confusión de Cuba y la Revolución que es el dogma central de la ideología oficial, eso que, utilizando una frase cara a Lezama, podríamos llamar el “proton seudos”, la mentira original, la falacia maestra que ha legitimado tanta violencia por casi medio siglo. Admites que Cuba puede ser ese engendro que supuestamente yo presento, pero “en todo caso lo (ves) como un municipio de ese infierno mayor que es el mundo en su totalidad.” Aquí discrepo de nuevo; en todo caso, digo yo, sería un municipio especial, con leyes muy distintas: ¿en qué otro país de Occidente hay que solicitar a las autoridades un permiso de salida y de entrada, no puede uno vender la propia casa, y dan cada tarde por televisión una mesa redonda donde todos los tertulianos coinciden en todo?

“El cierre de mi blog tiene que ver un poco con esa incapacidad personal para lograr un equilibrio que concilie en mí la certidumbre de que Cuba es muy mejorable (sobre todo en términos de libertad de expresión del ciudadano), y la aplastante convicción de que esta no existe en ningún lugar del mundo.”, dices en tu carta. Desde luego que Cuba es muy mejorable: a tan ruinoso estado la ha llevado las décadas de dictadura comunista que con solo “abrir” un poco la economía mejoraría la vida de la gente. Pero es evidente que hasta que no muera Castro eso no va a ocurrir.

No, no son iguales todos los periódicos ni todos los poderes. La libertad de expresión existe en algunos sitios y falta en otros. No hay parangón posible entre Granma y el Nuevo Herald: en el Nuevo Herald se tratan muchos más asuntos que interesan al ciudadano de a pie que en Granma, en el Nuevo Herald se debate, en el Nuevo Herald hay columnistas con distintas posiciones políticas (Armengol y Echerri, por poner un ejemplo), en el Nuevo Herald se publican cartas donde los lectores discrepan de los artículos aparecidos en el diario. En La Habana, por defecar públicamente encima de un ejemplar de Granma, un artista fue a la cárcel, mientras que en Estados Unidos cualquiera podría hacerlo sobre uno de El Nuevo Herald o de cualquier otro periódico sin sufrir represalia alguna. He ahí la diferencia entre democracia y totalitarismo; entre libertad de expresión y dictadura.

Dices: “Hablamos de que en Cuba falta libertad para acceder a Internet (yo eso no lo voy a negar, aún cuando sé que técnicamente es imposible ahora mismo establecer ese servicio en todo el país), pero ¿alguien hace referencia a esa comunidad de cubanos en el exterior que teniendo la oportunidad de producir o consumir críticamente en Internet, prefiere seguir levitando como la plumita de “Forrest Gump”, quiero decir, donde le lleve el viento?”. Pero, Juan Antonio, la libertad se usa de muchas maneras, que cada cual consuma (internet, telebasura, revistas del corazón o lo que sea) crítica o acríticamente según sus preferencias. Quizás sea cierto que “La mayoría de estas personas confunden la opinión con el pensamiento, el comentario soez con el coraje intelectual”, pero mucho más lo es que aquí tienen libertad para expresarse y posibilidad de conectarse, y en Cuba no.

Dices: “Creo que los sueños de justicia social engendran pesadillas individuales que es preciso corregir. Hay que darle voz a quienes sufren el peso de las utopías. Pero ya de antes estaba entre nosotros esa incapacidad para hacer más llevadera la convivencia social.” Perdóname, pero de nuevo tengo que discrepar, porque la pesadilla ha tenido una dimensión tan colectica como la esperanza que mencionas: dos millones de cubanos fuera; proporcionalmente, la mayor población penal del mundo; más de ocho mil muertos. Y nada de ello tiene que ver con ninguna incapacidad idiosincrática: “antes” había polémica, "antes" había periódicos, "antes" había ciertas libertades, "antes" había una sociedad civil. Fue el régimen castrista el que clausuró todo. La pesadilla -gigantesca, interminable como los discursos del dictador- es consecuencia del sistema más que del cubano.

Un abrazo,

Duanel Díaz

57 comentarios:

Anónimo dijo...

No puedo dejar de moverme a tu lado en esta seudopolémica aunque no sé cuán importante pueda ser el otro para beber de sus aguas turbias. Pero se hace necesario un aparte: dices que "Yo no olvido que 1959 fue una fiesta". Y no, fue en todo caso una fiesta en la carnicería de las ejecuciones sumarias. Y son muchos los culpables de reír y apoyar, aunque no eran todos, y muchos lloraron. Y no se trató de equivocaciones sino de una contradanza de salidas y entradas, donde los que no huyeron sirvieron para satisfacer a los miles de oportunistas en su servilismo y de marco para implantar de inmediato la soberanía absoluta del totalitarismo. No llames fiesta al circo de paredones que es injusto olvidar a todos los muertos del inicio.

Ernesto dijo...

Duanel, aunque sea la última entrada, reléelo y corrige erratas, please. Muy buena polémica.

Anónimo dijo...

Duanel:

Ya he leído tu carta, y aquí estoy, como niño con un merengue a la puerta de un colegio, tratando de cumplir mi palabra de no postear más y regresar a la cueva de siempre. Por un lado me alegra haberte provocado, por el otro me queda la picazón de que esta polémica quede frustrada por nuestra mutua decisión de cerrar los blogs. Trataré de aprovechar estos puntos de vista que esgrimes en el libro que también intento terminar y que no en balde se llama "Cine cubano de los sesenta: mito y realidad". Si has seguido alguna de las cosas que escribo (aunque son básicamente de cine) verás que estoy por una lectura de la historia que sea inclusiva, que reponga en su lugar a quienes han sido suprimidos, que evite el icaicentrismo, que hable de una Cuba mayor y no solo de una Cuba física, y que mire al cine cubano como parte de una dinámica y no como algo estático que solo responde a los intereses del gobierno. Como historiador no defiendo nada, solo trato de entender los "acontecimientos" y el devenir, la interacción entre los sujetos que protagonizan esa batalla. Por eso es que me ha parecido imprescindible, en mi caso, estudiar lo que ha pasado en la diáspora o exilio con eso del cine cubano, y que va más allá de lo que Andy García ha realizado. La realidad es invisible, como diría Borges, pero el dolor no, y yo creo que el historiador tiene que reflejar de algún modo el dolor de esos que han perdido o que han sido expulsados. Ahora, lo que no puedo como historiador es ir de un extremo a otro, porque entonces lo que estaría haciendo es contar la historia según el punto de vista de los vencidos, que me parece legítimo que se conozca el punto de vista de ellos, pero creo y defiendo la tesis de que a la Historia hay que acercarse como en Rashomon, atendiendo a las diversas versiones de las fuentes e intentando encontrar un equilibrio que permita medir las tendencias y sobre todo averiguar el por qué de los resultados. Creo que uno de los grandes desafíos que tenemos los investigadores más jóvenes es ponernos en el lugar de la época y entender (no justificar) el por qué de las reacciones, de las consignas, del apoyo mayoritario. Entender la época, creo yo, significa entender por qué para muchos aquello parecía una fiesta, y por qué para otros era el mismísimo infierno. Se me quedan mil cosas por decir, y de verdad que tendría muchos deseos de hacer otra carta, no para replicar tus puntos de vistas, que son legítimos y los respeto aunque no los comparta. Yo estoy hablando de metodología para aproximarnos a este período. El que crea que niego que haya existido víctimas (como el anónimo anterior) no ha entendido nada de lo que he escrito, ni ha leído las cosas que sobre el cine cubano he estado escribiendo. Yo hablo de otra cosa que ojalá tenga tiempo de organizar. Si logro escribirlo te lo mando y tú mismo te encargas de pasarlo a algún blog. Tal vez el de Ernesto o el de Sosa, el que te parezca bien. Un abrazo, y ya sé que hoy no puedo dar el día por perdido porque seguiré pensando.

Juan Antonio

William Navarrete dijo...

Duanel, tu carta es muy buena. Y llevas razón en todo. No deberías cerrar el blog. Hay mucho material intersante en él. Saludos, William

Infortunato Liborio del Campo dijo...

Muy buena réplica.

Eres un gallito de pelea jajaja

analista dijo...

Y vas a cerrar ahora el blog? Es como un pitcher que está tirando un no hit no run y con el noveno bate al bate abandona la lomita. Muy buena réplica y sobre todo decente.

Duanel Díaz Infante dijo...

Censor, el otro es importante, más en este caso que es Juan Antonio, a quien respeto aunque considero que está equivocado. Cuando digo que fue una fiesta, me refiero al momento mismo del triunfo, las ejecuciones vinieron un poco después.

Ernesto, sí, me pondré a corregir. Gracias.

Juan Antonio, sí he seguido eso que has escrito, incluso leí cuando me pasaste la introducción al libro de las diez películas. Y aunque te parezca dogmático tengo que insistir en que no se trata solo de una diferencia de puntos de vista: o es una dictadura o no o lo es. tertium non datur. Para reconocer realmente a los marginados del régimen, tendrías que reconocer eso, y nunca lo haces. Como historiadoar, no solo interpretas acontecimientos: privilegias unos por encimas de otros, y eso es evidente en la percepción de 1959 que opones a mi idea de la Hecatombe. Aplaudo que estudies el cine cubano y trates de superar la historia que se ha centrado en el ICAIC, pero creo que la verdadera cuestión no pasa ya por ahí. No creo, Juan Antonio, que en tu carta hayas intentado dar ese punto de vista de todos: no mencionas a los disidentes, minimizas evidentemente la pesadilla (que consideras individual), frente al sueño (que consideras colectivo). Sí, hay que entender por qué para muchos fue una fiesta, y yo lo entiendo perfectamente, pero también hay que hacer balance, y en ese balance hay que tomar o rechazar a la Revolución entera. Esa es la cuestión. Ahora, si te puede ser útil, sería bueno que contestaras a mi carta, para que intentaras exponer mejor tu punto de vista. Bienvenida la polémica siempre que, como en este caso, sería provechosa.

Duanel Díaz Infante dijo...

Gracias, William e (no me pierdo nada tuyo en PD) Infortunato. Analista, ya este no es el noveno, es un extra-inning. Parece que la polémica me persigue, yo evitándola y resulta que a Juan Antonio se le ocurre "cerrar" con una carta abierta que me obliga a volver al ruedo.

Jose Antonio dijo...

Ah, San German, valle del Cauto, cuna de genios.

luisc dijo...

Leyendo tu réplica a la carta de JAGB (a quien felicito también por su tono, caballerocidad, decencia e inteligencia, aunque no me identifique ni comparta su posición menos crítica sobre El Proceso) me has hecho recordar una pregunta que solía hacer yo, años 80s, cuando se iniciaba una de las tantas discusiones políticas entre amigos: ¿es Fidel Castro un dictador o no? era la cuestión de base, lo demás quedaba sujeto a la respuesta. Por éso es que nos cuesta entender una posición tan "suave" respecto al castrismo, al que considero una hecatombe como tú, aunque entienda, obviamente, que las responsabilidades han sido compartidas por muchos, incluida la propia CIA que no supo/pudo acertar el tiro en su momento.

Duanel Díaz Infante dijo...

Sí, esa es la cuestión, Luis. Lo que me molesta más de la posición de Juan Antonio es que insiste en que lo que yo digo son "puntos de vistas, que son legítimos y los respeto aunque no los comparta". Y no es así: el gobierno de Castro es una dictadura, en Cuba no hay libertad de expresión y en estados UNidos sí; estos son hechos, no cuestiones de opinión.

luisc dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, Duanel.

Anónimo dijo...

hola otra vez duanel. bueno, ya veo que ha provocado su ruido nuestras cartas. la verdad es que ahora mismo estoy contra la pared con cosas que hacer, pero creo que sí, que el asunto merece una segunda vuelta. trataré de escribir algo entre hoy y mañana porque pienso que hay algunas ideas que merecen profundizarse aún más. o por lo menos, exponerlas para que en lo adelante sean debatidas con más rigor. haré todo lo posible por colgar esta segunda postdata mañana, y esa sí será la última. creo que más importante que lo que ambos tengamos que decir (y que de algún modo ya lo hemos dicho)son las ideas que pueda provocar en quien las lee.

saludos,

juan antonio

Duanel Díaz Infante dijo...

OK, Juan Antonio, pero yo insisto en que más que ideas, estamos debatiendo hechos. No estamos provocando ninguna idea en los lectores; los que piensan, como yo, que aquello es una dictadura, no necesitan que nadie se los diga ni lo argumente, y los que, como tú, piensan que no lo es, no van a cambiar de opinión por nada de lo que yo diga.

Anónimo dijo...

Nota de despedida.

Duanel,

A pesar de que me molestan a veces tus comentarios, pues no has vivido los hechos,
-naciste en 1978- no dejo de estar de acuerdo contigo por ejemplo en esta carta. ¿Qué me molesta de ti? Pues que hayas abierto un Blog estando aún acabado de arribar. No tienes conciencia de eso y pasará el tiempo para que la tengas. Confío, porque sé que eres muy inteligente, que así lo harás. Presentas el Síndrome del Recién Llegado. Citas constantemente a figuras de Cuba, aunque hayan ayudado a realzar la figura del tirano y, sin embargo, apenas mencionas a los intelectuales del exilio, con lo cual haces juego al dictador. Lo fomentas. Pero no es lo único. Yo respeto mucho a los intelectuales que trabajan en silencio, porque lo otro es que quieran ser centro, signo de una egotitis patológica, que conlleva otros males. Responden a una necesidad de ser médula, meollo, de estar en el foco. Eso se logra sólo con una faena mayor y hesiódica. Es la obra quien nos coloca en el núcleo. No nosotros. Si bien, por ejemplo, eres muy decente en estas opiniones, he leído comentarios tuyos, donde te muestras tan camilito, tan pionero, tan joven comunista, es decir tan fascista como cualquier cubano adoctrinado de a pie, lo cual no concuerda con esa Europa donde vives, y menos aún con España y menos aún, perdona la redundancia, con quien intentas proyectar. No hay respeto en tus opiniones, es lo que quiero decir. Y no se trata de un común iconoclasta. No. Se trata de ese desparpajo cubano pos revolucionario. De esa falta de respeto colectiva. De esa pérdida de educación formal. No eres educado, en otras palabras, aunque tengas un bachillerato que, en los Estados Unidos, no es nada, por mucho que sea para ti. Es duro y no te lo hecho en cara, más bien te felicito por tus logros. Pero es así. Estás apenas en el comienzo del camino. Yo, que aunque no lo creas te tengo cariño, aspiro a que te calles un tiempo y hagas estudios superiores. Habla menos. Reflexiona más. He visto, por ejemplo, comentarios homofóbicos tuyos tan pedestres que te sitúan al lado de aquellos que lanzaron a jóvenes como tú a la UMAP de la cual ahora te aferras o, también, de parte de los que en tiempos de Adolf Hittler persiguieron y aniquilaron a homosexuales. Ten mucho cuidado, porque detrás de cada homófobo se esconde un homosexual consciente o inconsciente. Y es una lástima que aspires a ser un creador grande cuando los más grande genios del mundo de la intelectualidad y de las artes, sin dejar atrás militares y políticos, han sido homosexuales: Alejandro Magno, Sócrates, Miguel Ángel, da Vinci, Shakespeare, Cervantes, Wilde, Whitman, Lincoln, Lezama, son sólo unos pocos. Es una lástima que hayas hechos tales comentarios. Antes te seguía desde entonces, para mí, perteneces a la misma comparsa de La Habana, es decir: a igual morralla. Conviene que estés un tiempo sin expresarte públicamente, que vivas más tu exilio, que viajes, que, si lo pudieras, habitaras los Estados Unidos –como mínimo dos años-, que estudies fuera de Cuba. Todo no está perdido para ti. Espero que crezcas y que tu actitud futura limpie el camino que tú mismo has llenado de estiércol además de esplendor. Una lástima. Espero con el mejor deseo que te levantes. Y que pidas disculpas.

Anónimo dijo...

No olvides que sobra documentación para afirmar que las cacerías comenzaron en la tarde del primero de enero en La Habana y un poco antes, en las primeras horas del día, en Oriente, con los fusilamientos en el segundo frente. Y también puede documentarse fácilmente que el ejercito y el estado pasaron a ser propiedad de FC desde ese día, al nombrar la jefatura militar y el gobierno sin consultar a nadie. Si se acepta este estado de cosas como correcto, debe aceptarse la hipótesis de la revolución descarriada. Más viable es considerar que se intentó imponer el totalitarismo desde el primer día y aceptar la consecuente ceguera y culpabilidad de muchos, incluyendo a buen número de intelectuales (curioso: de ellos sale la hipótesis anterior, ¿acaso un paraguas?). Y, recuerda, si todos los otros son importantes nadie lo es. Comprendo que es insoportable la retórica de los muertos, pero olvidarse de las víctimas para acercarse a las sonrisas de los que aplaudieron la inauguración del circo de FC constituye, al menos, una desvalorización del intelecto.

Anónimo dijo...

Curioso el comentario de las 20:29: es aprobable lo que dice sobre el valor del anonimato pero muestra cierta obsesión homosexual: debe ser algún viejo seguidor de la Generación del Mariel inventada por Reinaldo (capaz que es él) y no yo.

Anónimo dijo...

Nota de despedida –corregida, pero no aumentada.

Duanel,

A pesar de que me molestan a veces tus comentarios, pues no has vivido los hechos,
-naciste en 1978 y no en los 40s o 50s- no dejo de estar de acuerdo contigo por ejemplo en esta carta. ¿Qué me molesta de ti? Pues que hayas abierto un Blog estando aún acabado de arribar. No tienes conciencia de eso y pasará el tiempo para que la tengas. Confío, porque sé que eres muy inteligente, que así lo harás. Presentas el Síndrome del Recién Llegado. Citas constantemente a figuras de Cuba, aunque hayan ayudado a realzar la figura del tirano y, sin embargo, apenas mencionas a los intelectuales del exilio, con lo cual haces juego al dictador. Lo fomentas. No es lo único. Respeto mucho a quienes trabajan en silencio, porque lo otro es que quieran ser centro, signo de una egotitis patológica, que conlleva otros males. Responden a una necesidad de ser médula, meollo, de estar en el foco. Eso se logra sólo con una faena mayor y hesiódica. Es la obra lo que coloca en el núcleo. No nosotros. Si bien, por ejemplo, eres muy decente en estas opiniones, he leído comentarios tuyos, donde te muestras tan camilito, tan pionero, tan joven comunista, es decir tan fascista como cualquier cubano adoctrinado de a pie, lo cual no concuerda con esa Europa donde vives y menos aún con España y peor: con quien intentas proyectar. No hay respeto en tus opiniones, es lo que quiero decir. Y no se trata de un común iconoclasta. No. Se trata de ese desparpajo cubano pos revolucionario. De esa falta de respeto colectiva. De esa pérdida de educación formal. No eres educado, en otras palabras, aunque tengas un bachillerato que, en los Estados Unidos, no es nada, por mucho que sea para ti. Es duro y no te lo echo en cara, más bien te felicito por tus logros. Pero es así. Estás apenas en el comienzo del camino. Yo, que aunque no lo creas te tengo cariño, aspiro a que te calles un tiempo y hagas estudios superiores. Habla menos. Reflexiona más. He visto, por ejemplo, comentarios homofóbicos tuyos tan pedestres que te sitúan al lado de aquellos que lanzaron a jóvenes como tú a la UMAP de la cual ahora te aferras o, también, de parte de los que en tiempos de Adolf Hittler persiguieron y aniquilaron a homosexuales. Ten mucho cuidado, porque detrás de cada homófobo se esconde un homosexual consciente o inconsciente. Y es pena que aspires a ser un creador grande y trate de menoscabar a quines supuestamente no son tus iguales, cuando los más grande genios del mundo de la intelectualidad y de las artes, sin dejar atrás militares y políticos, han sido homosexuales: Alejandro Magno, Sócrates, Miguel Ángel, da Vinci, Shakespeare, Cervantes, Wilde, Whitman, Lincoln, Lezama, son sólo unos pocos. Da grima que hayas hechos tales comentarios. Antes te seguía desde entonces, para mí, perteneces a la misma comparsa de La Habana, es decir: a igual morralla. Conviene que estés un tiempo sin expresarte públicamente, que vivas más tu exilio, que viajes, que, si lo pudieras, habitaras los Estados Unidos –como mínimo dos años-, que estudies fuera de Cuba. Todo no está perdido para ti. Espero que crezcas y que tu actitud futura limpie el camino que tú mismo has llenado de estiércol además de esplendor. Una lástima. Espero con el mejor deseo que te levantes. Y que pidas disculpas.

Duanel Díaz Infante dijo...

Anónimo de las 20.29, no tengo que pedir disculpas pues nunca he hecho comentarios homofóbicos, ni le he faltado el respeto a nadie, ni le he hecho el juego al dictador ni he dejado de mencionar a los intelectuales del exilio. Si te molesta que haya abierto un blog ahora tienes una molestia menos, porque lo estoy cerrando, pero no veo aquí un excesivo apego de tu parte a la libertad: creo que cualquiera puede abrir un blog, aun cuando esté acabado de llegar de Cuba.

Censor, tu idea de que los intelectuales se "pierden" por querer tener un reconocimiento, que coincide bastante con la del anónimo anterior, ya lo hemos discutido antes. En cuanto a si fue una revolución descarriada o ya desde el primer día estaba el totalitarismo, como tantas veces me has dicho, te confieso que es algo que quiero pensar mejor. No es que me hayas convencido, pero sí me has hecho cuestionarme un buen número de ideas que traía, me has ayudado a ver mejor algunas cosas de esos primeros momentos. Tengo que revisar mejor esa documentación, ver lo que pasó en La Habana y en el Segundo Frente, etc. Te agradezco, una vez más, la "oposición" que me has hecho en este blog.

Néstor dijo...

Perdónenme la intromisión, y digo intromisión porque introduzco aquí un tema difícil: en Austria, donde me invitaron (junto a otros poetas cubanos) a leer poesía hace dos años, el organizador del evento nos dijo de entrada que, "a pesar de todo", simpatizaba con el mito de la Revolución, con su promesa, y con sus programas sociales.

En mi intervención, frente a un público de austriacos jóvenes y mediotiempos, les recordé que dos de los puntos sobresalientes en el programa del Partido Obrero Nacionalsocialista Alemán, eran la educación y la salud socializadas.Hasta el transporte socializado, de ahí los VW. Pero que yo no venía a declararme simpatizante de los programas sociales nazis.

Que quien viera con admiración o nostalgia o simpatía el Triunfo de la Voluntad popular encarnado en un Líder, que desde la tribuna saludaba a las masas, vestido en traje de militar (especialmente cuando el mandato de ese Líder y sus allegados se había extendido durante casi 5 décadas) debía reconocerse, sencillamente, como un simpatizante del fascismo, y que los simpatizantes del fascismo eran simpáticos, como ellos mismos, rubios y amables, extasiados delante de mí. O como muchos de mis compañeros poetas cubanos, que habían nacido y crecido llevándose la mano a la frente para lanzar la consigna fascista. ¿Quién podía culparlos si disculpaban o si idealizaban el fascismo? Después de todo, eran hijos del régimen fascista más largo y más exitoso de la historia moderna. ¿Qué otra cosa podían "ser o hacer" como dice Guy Debord, si las leyes del espectáculo fascistoide rigen la psicología de nuestra vida cotidiana hasta tal punto, que nuestro anfitrión se creía en la obligación de expresarlo libremente?

Estar enamorado del fascismo no es un pecado; el pecado del intelectual cubano, como en el caso de J.A.G. Borrero, es no declararlo abiertamente, no reconocerse como tal y tapiñarse en un revolucionarismo sentimentaloide. Es situarse cómodamente en la posición del perdonavidas, del humanista que abarca bajo de sus amplias alas retóricas incluso un proyecto fallido revolucionario.

Es humano racionalizar los aspectos románticos de una revolución. Pero cuando lo hizo Pound, se le llamó fascista, sin subterfugios, y se lo internó (así fuese un gran poeta) en un manicomio.

Néstor dijo...

Cometí un error al escribir el nombre de JAG Borrero en mi comentario de PD y lo he subsanado enseguida. Duanel, corrige el nombre de Borrero en mi nota, te pido por favor.

Néstor

Duanel Díaz Infante dijo...

Néstor, no sé si te fijaste arriba, pero cuando vi que habías dejado este comentario en el blog de Ernesto me tomé la libertad de reproducirlo aquí. Me alegra que ahora lo pongas tú mismo, y estoy seguro de que hará reflexionar a Juan Antonio. Creo que él está escribiendo una nueva carta abierta para dejar más clara su posición, aunque yo creo que no voy a continuar la polémica, pues hace ya tres días que dije "Koniec" y quiero terminar de una vez. Pero, eso sí, ahora que voy a estar solo como lector, te animo, como hice con Isis, a que abras tu propio blog.

Duanel Díaz Infante dijo...

Néstor, lo que hice fue borrar el comentario donde yo había reproducido el tuyo en en blog de Ernesto. Ahora queda solo este último tuyo, donde no hay error en el apellido de Juan Antonio.

Anónimo dijo...

Duanel,

A mi favor: no tienes sentido crítico. Por tanto, no creces. Errar es de humano. Y pedir disculpas, divino. Pero es demasiado para ti. No es de débiles pedir perdón, sino de fuertes. Es signo de valentía y de hombría. De madurez y de seguridad. Todo de lo cual, tristemente, careces, como buen revolucionario. Y sí has hecho comentarios homofóbicos de los cuales no eres consciente, porque no sabes el daño y el dolor que causan porque te da lo mismo. Con respecto a tu afán de estar como el arroz blanco: te aclaro más: el egotismo no es sólo signo de narcisismo, sino, en otros términos, núcleo de trastorno de personalidad, de histeria. Y en el centro de cada histérico hay un homosexual. Por eso atacas. Es tu problema. Quédate enano. E histérico. Es muy difícil dejar de serlo. Sabrá Dios por qué lo necesitas a gritos. Te compadezco. Pues. Y no dejes de educarte. Lo necesitas.

Duanel Díaz Infante dijo...

No los he hecho, pero en todo caso, si algún comentario mío te ha molestado, te pido disculpas. En todo caso, te repito: ya no tendrás que soportar mi egotismo, mi histeria, mi afán de protagonismo, mi mala educación, mis modales revolucionarios.

Anónimo dijo...

duanel he sentido mucho que no sigas con el blog, lo sigo casi desde el comienzo. tambien lamento el cierre de garcia borrero. la polemica ha sido muy interesante. saludos y suerte.

eliades acosta dijo...

Palabras a los intelectuales: 46 años después


Elíades Acosta


Un mes antes del día, hace hoy 46 años, en que en esta misma sala pronunciase Fidel sus “Palabras a los intelectuales”, circulaba en La Habana el boletín número uno del Primer Congreso Nacional de Escritores y Artistas Cubanos dedicado al poeta Nazin Hikmet, por entonces de visita en la isla. En él, adelantándose al ya clásico "…Dentro de la Revolución, todo…, contra la Revolución, nada" se publicaba el texto del "Manifiesto de los Intelectuales cubanos", que constituyó, de hecho, un llamamiento al Congreso, apoyado por la firma de 92 escritores, 25 cineastas, 52 músicos y bailarines, 56 teatristas, 32 arquitectos y 71 artistas plásticos. Aquel manifiesto fundacional terminaba con las siguientes palabras:

"Del destino de la Revolución depende el destino de la cultura cubana- agregando con letras mayúsculas- DEFENDER LA REVOLUCIÓN ES DEFENDER LA CULTURA."

Han transcurrido 46 años. En ellos el pueblo cubano, en medio del torbellino de su Revolución, ha sido artífice y testigo de un desarrollo de la educación, las ciencias y la cultura como nunca antes experimentase este país en su historia, y como pocas veces viesen otros en un período semejante. La composición de los invitados a esta conmemoración me releva de intentar la imposible tarea de enumeración de estos logros, y de listar, como en justicia debería también hacerse, los errores, desviaciones y retrocesos que hemos cometido en la ardua tarea de concretar nuestra Utopía. Me limitaré a citar al compañero Alfredo Guevara cuando en la primera reunión de trabajo del Consejo Asesor de Políticas Culturales del Partido, constituido el pasado 25 de mayo, afirmó, con ejemplar lucidez y síntesis:

"El diseño de la política cultural (del país) está trazado desde el Moncada, y es la Revolución misma. Su mayor enemigo es la ignorancia y su objetivo final es conducirnos al saber (pleno). No se trata de catequizar, sino de actuar".

El Período Especial, etapa triste y gloriosa a la vez, si bien permitió al Estado, al Partido y al pueblo resistir y vencer el desafío y las amenazas derivadas del ignominioso fin del socialismo en Europa del Este y la URSS, también significó la congelación, postergación, e incluso, la liquidación de importantes avances culturales conquistados en los años anteriores a 1989. Dieciocho años después debe decirse con claridad, encarando la realidad como siempre deben hacer los revolucionarios, que se mantienen numerosos efectos negativos de ese período sobre la cultura nacional, y son aún palpables las profundas afectaciones que provocó en el tejido espiritual de la nación, en los valores y motivaciones de la gente, en la conciencia cívica de los ciudadanos, en el desempeño y la gestión de las instituciones, en la unidad del movimiento intelectual, e incluso, en el imprescindible equilibrio y la necesaria claridad sobre los fines a alcanzar y los medios a utilizar por nuestra política cultural.

No es que no hayamos avanzado, ni que en su momento hubiésemos dejado de luchar contra los efectos indeseables de la crisis. Bastaría recordar, a manera de ejemplo, la conmovedora cruzada nacional por imprimir aquellos "Cuadernos Martianos" en medio de la apoteosis de los apagones, las estrecheses y las incertidumbres; la clarinada de alerta por la pérdida de los valores que experimentábamos, y la movilización alrededor del Centenario de la caída en combate de José Martí, acciones todas en las que brillaron, junto a muchos otros, los compañeros Cintio Vitier y Armando Hart, simbolizando el espíritu y la voluntad de resistir y vencer de nuestra cultura y nuestro pueblo. O Fidel lanzando al combate, dirigiendo la contraofensiva que protagonizaron los miembros de la UNEAC y la UPEC, mientras que proclamaba con la genialidad de lo sencillo y lo irrefutable:

"Lo primero que hay que salvar es la cultura", o mejor aún, "Sin cultura no hay libertad posible".

En rigor, son demostrable con datos y cifras la preocupación y la ocupación de la Revolución y de Fidel ante la magnitud y profundidad del daño, su clara percepción de la importancia estratégica del problema para la propia supervivencia de la Revolución, incluso su exacto dominio de la situación mundial y del recrudecimiento de la guerra cultural del imperialismo contra los pueblos, especialmente el nuestro, en pos de la implantación de un modelo neoliberal de pensamiento único global. Fruto de estos análisis y desvelos es la concepción de la batalla de ideas y sus numerosos programas educacionales y culturales, gracias a los cuales, en algunas esferas concretas, hemos podido avanzar hasta niveles superiores a los alcanzados hasta 1989.

Como si este escenario no fuese de por si lo suficientemente complejo, o precisamente por ello, los enemigos de la Revolución cubana han intensificado hasta niveles nunca antes conocidos, usando todos los logros de la tecnología moderna, su particular guerra cultural y las acciones de desestabilización y subversión. A esto se debe sumar lo que ha significado de retroceso para el movimiento y las ideas revolucionarias la hegemonía coyuntural de las ideas y la práctica del capitalismo postmoderno, y lo mucho que de perverso y maligno entrañan para una cultura humanista, libertadora y de emancipación, contra las cuales están dirigidas. Se comprenderá fácilmente que los problemas que encara y encarará nuestra política cultural, en el borde delantero de esta lucha, son enormes.

Ya se sabe, no partimos de cero. Una hermosa y fecunda tradición cultural revolucionaria nos antecede, pero debemos precisar, de manera responsable, que no solo el resto del mundo ha cambiado radicalmente en los últimos veinte años, sino también nuestra sociedad. Cuba es la misma y otra a la vez después del derrumbe del campo socialista y del Período Especial. Nada que hagamos o proyectemos en materia educacional o cultural podrá eludir esta verdad tan evidente como para haber marcado el ambiente de nuestras calles, las relaciones en el seno de nuestras familias, el lenguaje cotidiano, el imaginario individual y colectivo y la propia creación artística y literaria.

Por debajo y a la sombra de la Cuba patriota, redentora, revolucionaria, rebelde, igualitaria, justiciera, solidaria, intolerante con las exclusiones y las marginaciones de cualquier signo, soñadora y culta, nos ha crecido una Anti-Cuba indeseable, parasitaria, ignorante, mediocre, derrotista, sumisa al extranjero, mercantilizada, consumista y despolitizada, apátrida y claudicante, cortejada y cortejante de una hipotética restauración capitalista en el país. Es la que soborna y es sobornada; la que se abraza, no a la bandera, sino a la antena parabólica ilegal que le permite recibir con júbilo una alfabetización capitalista abreviada mediante ¨El Show de Cristina¨. Es la que odia y teme todo lo lúcido, lo profundo y lo complejo, lo crítico y lo auténtico. La que desalienta el esfuerzo, los sentimientos colectivos, el estudio, la disposición al sacrificio, el amor al trabajo, la decencia, la solidaridad entre los hombres, el conocimiento de la Historia patria, el respeto a los más débiles. Es la que desprecia a los que no tienen nada que ostentar o derrochar y rinde nostálgica pleitesía a una Cuba republicana anterior al 59, a la que absuelven de sus pecados históricos, por ignorancia o cálculo. Es la que esconde su mohín de desprecio, hoy disimulado, mañana ¿quién sabe?, ante ciertas coloraciones de la piel, algunas militancias políticas, todas las culturas populares y ciertas estéticas.

En esa Anti- Cuba, y en los aguerridos libertadores de la 82 División Aerotransportada deposita sus esperanzas de restauración capitalista y sus planes de retorno triunfal la lánguida coral de plañideras viejas, nuevas y novísimas que destilan sus odios y afanes de hecatombe en Miami y otras urbes del planeta. Son los que, como Rafael Rojas, utilizan sus luces para proclamar que sin la ¨desaparición biológica¨ de una generación de revolucionarios, Cuba no tiene futuro; los que, como Juan Abreu, piden que… ¨la isla desaparezca en las profundidades marinas de donde emergió para desgracia de tantos, o que la conviertan en un gran basurero a disposición de los países civilizados¨; lo que como Carlos Alberto Montaner , hace apenas dos días, en Madrid, delinean las características del ¨inevitable¨ capitalismo que nos espera, al que describen, con mañas de consumados estafadores, como ¨moderno, abierto, competitivo, signado por la búsqueda de productividad, fuertemente integrado al resto del mundo desarrollado¨; los que claman por el asesinato de sus oponentes, o sea nosotros, porque están convencidos, como acaba de publicar Vicente Echerri en el ¨Nuevo Herald¨, ¨… que es cierto que las ideas no se matan, pero se atenúan bastante cuando sus genitores mueren a tiempo¨.

Se equivoca quien en medio de semejante panorama crea que, en los tiempos que corren y en los por venir, la cultura cubana deberá ser ornamento o distracción, ocupación lúdica para el esparcimiento sano, contenido inocuo para el tiempo libre, divertimento para quienes gusten del arte y la literatura sin mayores complicaciones ni inquietudes sociales. En su terreno, tanto o más que en el político-ideológico, o mejor dicho, precisamente por su carácter político- ideológico, por decirlo de manera resumida, se está librando silenciosa y cotidianamente, la batalla decisiva entre Cuba y la Anti-Cuba, entre nuestra sociedad socialista y la utopía reaccionaria de la restauración capitalista.

Si alguna vez fue imprescindible la participación y el apoyo consensuado de artistas e intelectuales en la defensa y promoción de la cultura nacional y en la actualización de la política cultural de la Revolución, este es el momento. Si alguna vez tuvo sentido luchar por la eficacia de nuestras instituciones culturales, y contra las decisiones unipersonales, las improvisaciones, la falta de estrategias públicas, coherentes y controlables, la insensibilidad, la burocracia, la incapacidad para discernir lo importante de lo secundario, lo auténtico de lo banal y lo político de lo impolítico, este es el momento. Si alguna vez fue de vida o muerte dialogar, escuchar, atender y respetar a los seres humanos, artistas, intelectuales o simples ciudadanos, de primer o segundo o décimo nivel, ese momento ha llegado.

Debemos avanzar hacia el establecimiento de un diálogo cultural impostergable entre las ideas de vanguardia y la tecnología más avanzada de nuestra época, de lo que dependerá su socialización y uso cultural. Nos espera la toma de decisiones estratégicas, por ejemplo, sobre el uso de Internet y la apropiación de códigos actuales, revolucionarios, en la música, el diseño y la gráfica para trasmitir ideas revolucionarias, o lo que es lo mismo, propiciar la renovación del encuentro o una nueva confluencia entre vanguardia artística y vanguardia política. Tenemos que propiciar, junto a la necesaria universalidad antidogmática de toda cultura auténtica, el reforzamiento y renovación de las tendencias patrióticas, socialistas, antiimperialistas, tercermundistas y anticolonialistas en la cultura nacional, que incluya las necesarias alianzas con todas las fuerzas, dentro y fuera de Cuba, que compartan o luchen por estos objetivos.

Debemos garantizar un amplio debate para actualizar y repensar los límites culturales de nuestra sociedad. ¨Cultura, nos recordaba recientemente Helmo Hernández, es el imprescindible diálogo que establece una sociedad con sus límites¨. Es tan nociva una sociedad con límites estrechos y asfixiantes, como aquella donde reine la anarquía social, la inobservancia de las más elementales leyes de la convivencia humana y la falta de jerarquías culturales y espirituales.

Sin la mayor libertad posible, sin crítica responsable, sin unidad en la pluralidad, sin combatividad ante los enemigos culturales de nuestra nación, sin creatividad, sin respeto a la diferencia, sin un pensamiento teórico que acompañe a la práctica, sin debate, sin participación democrática, sin respeto al pasado histórico y al patrimonio, y sin unos medios de comunicación, y especialmente sin una radio y una televisión acordes al el nivel cultural creciente de nuestro pueblo, esta batalla está de antemano perdida, o lo que es lo mismo, está en nuestras manos ganarla.

Especial atención merecen nuestros niños y jóvenes, reflejo y reproductores de muchas de nuestras carencias del Período Especial, en cuyos hombros descansará, como acaba de reiterar Fidel, la continuidad de nuestras luchas, y a fin de cuentas, la prolongación y expansión de nuestra cultura. Nada podrá hacerse sin que antes profundicemos en sus verdaderas motivaciones, valores, paradigmas, referencias culturales o sus defectos. Ser rigurosamente realistas ha de ser el primer precepto a cumplir, si de verdad nos mueve el aliento cívico y revolucionario de acometer la labor educacional que el futuro nos exige.

Para el Partido, asumir estos retos culturales es una prueba de fuego. En estas contiendas no habrá batallas espectaculares, sino avances o retrocesos en el día a día. Podemos vencer, el pueblo quiere y necesita que venzamos, como necesitaba y quiso que venciéramos en abril 1961 en las arenas de Girón, o en agosto constituyendo la UNEAC, hace ya 46 años.

Con significado nuevo, en el año del centenario de su natalicio, resuenan hoy las últimas palabras de Eduardo Chibás dirigidas al pueblo de Cuba. Permítanme parafrasearlas, para concluir:

"Cultura revolucionaria cubana, cultura martiana, humanista y universal, cultura nacional que nos define y enorgullece: ¡levántate y anda!"

El escritor Eliades Acosta es el Jefe del Departamento de Cultura del Comité Central del Partido, fue durante diez años director de la Biblioteca Nacional José Martí y es Vicepresidente Primero de la Unión de Historiadores de Cuba. Es autor, entre otros libros, de "Los hermanos Santiagueros de Martí"(1995), "El árbol de la discordia"(1997), "El siboney de los cubanos"(1997) y "El 98: Cien respuestas para un siglo de dudas"(1998).

Néstor dijo...

Lo dicho, sin ánimos de escandalizar. Ese documento es típicamente, un manifiesto fascista. Y Eliades, está en todo su derecho de ser un intelectual fascista. Salvando las distancias, amamos a Spree, a Leni Riefenstahl, a Pound, y no hay nada en eso.

Ahora, ellos fueron más honestos, porque se identificaron claramente como fascistas.

Eliades quiere que veamos este documento como algo que no es: es decir, como una inocente declaración de participación en el sueño revolucionario. Pero su misma existencia, el hecho de que se redactaran tales documentos, da la clave fascista de la revolución cubana, especialmente, por producirse esta retórica nacional-socialista del sector de la Cultura.

Néstor dijo...

Consúltense los capítulos dedicados a las prácticas culturales en Mein Kampf, y los discursos de Goebbles a los intelectuales, y se verá de dónde sale esta retórica.

Recordemos que ya en 1965, el Ché en persona hace la crítica cultural del estalinismo, en su artículo El Hombre Nuevo.

Así que el estalinismo nunca estuvo de moda en Cuba, como algunos piensan erróneamente. Se trataba de Nacionalsocialismo.

Anónimo dijo...

Nestor dice:
"Consúltense los capítulos dedicados a las prácticas culturales en Mein Kampf, y los discursos de Goebbles a los intelectuales, y se verá de dónde sale esta retórica."

Es una buena aproximación pero no es exacta: en últimas instancias sale del neohegelianismo de Giovanni Gentile, de quien se puede documentar que Castro conocía de sus lecturas del "Discurso Augusteo" del 24 de junio de 1925.

j. ferrer dijo...

Dos consejos que no me has pedido, Duanel: menos caso a quien intenta afearte la partida. Demasiado fabricado el asunto. Y dos: no la afees tú mismo con polémica que es la más imbécil de cuantas imaginarse uno pueda: esa en torno a si "aquello" es o no una dictadura. Salvo que consigas enderezarla hacia donde apunta Néstor: 1) ¿por qué hay intelectuales que gustan de las dictaduras? 2) ¿Por qué no lo admiten sin más? Salud.

Sosa dijo...

Veo que hay gente que te quiere aguar la despedida, y que en el fondo se alegran de que te despidas. Y te acusan de esto y lo otro. Reproches y reproches. Y faltan otros, posiblemente. Nunca pierdas ese sentido de la ecuanimidad que tienes. Mucha suerte. Never lower your sails.

Anónimo dijo...

Anomalías de la verdad (Algunos usos y abusos de la historia, la memoria y el futuro desde la literatura cubana contemporánea)


Edel Morales

Intervención realizada en la Centro Cultural Dulce María Loynaz, durante la Mesa "La Memoria, ese campo de batalla", del espacio de debates Ciclos en movimiento, auspiciado por el Instituto Cubano del Libro


En alguna de las novelas que integran la saga de Las cuatro estaciones , Mario Conde, el personaje central de la exitosa tetralogía de Leonardo Padura, se define a sí mismo como “un recordador”. Si concordamos en que se trata del personaje de mayor popularidad en la narrativa cubana de los últimos cincuenta años, conviene no desatender ese rasgo de su carácter, decisivo, en mi opinión, para el calado de la trama novelesca pero también, y por eso mismo, para el asunto que trataremos aquí: la memoria, y la disputa que en torno a ella se libra en el imaginario cubano de estos días.
Desde otra perspectiva, la historiadora Marial Iglesias nos ha ofrecido, en su atractivo ensayo Las metáforas del cambio en la vida cotidiana , un análisis pormenorizado de las muy distintas maneras en que los cubanos de hace un siglo metafori(boli)zaron la frustración del ideal independentista y la dolorosa transición sufrida por la isla entre el estado colonial español y las nuevas formas de dominación neocolonial, que entonces se probaban en Cuba e inauguraban la presencia en el escenario internacional de una de las fuerzas decisivas en el proceso histórico mundial del nuevo siglo: el imperialismo norteamericano.

Sin desconocer la calidad acumulativa que aportan a la historia insular períodos anteriores (algunos de particular relevancia en la germinación de una cultura propia, en constante modulación, desde los tiempos en que llega a asumirse a sí misma como distinta de sus componentes originales hasta su cristalización crucial en los años de la Guerra Grande y la Tregua Fecunda ), podemos centrar la discusión actual en ese largo siglo que, según escuché decir hace unos días en esta misma Sala a Fernando Martínez Heredia, comenzó para la isla en 1895, y aún no termina.

Para esa época quedaba bastante claro el dilema de Cuba: agotadas las opciones reformistas, anexionistas o autonomistas por pura inoperancia histórica o por su incapacidad de articularse en las necesidades de las fuerzas sociales actuantes en la isla y su contexto exterior, solo era pertinente la estructuración y profundización de un ideal de independencia política, justicia social y ética solidaria, que José Martí sintetiza y proyecta con máxima energía en la organización cotidiana de la guerra necesaria: un país no se funda como se dirige un campamento, un Partido único de todos los cubanos dignos para la Revolución ; en sus deberes internacionales: el equilibrio del mundo, impedir a tiempo con la independencia de Cuba que los Estados Unidos se extiendan por las Antillas…; y en sus esbozos de la futura república: con todos y para el bien de todos, Revolución no es la que vamos a hacer en la manigua es la que haremos en… Ese ideal fue frustrado, ya se sabe, en su momento histórico, por varios factores, incluida la prematura muerte de Martí y, de modo decisivo, por la intervención militar del naciente imperialismo estadounidense en la guerra. Como resultado, la (ir)realización plena de ese ideal atraviesa el largo siglo cubano de entonces acá y condiciona los puntos de vista de cualquier acercamiento académico o político, social, cultural, racial, de género… a su devenir y a sus coyunturas.

Observado desde una mirada de larga duración, el punto de enunciación temporal y conceptual en que se sitúa hoy el debate es más o menos paradigmático: los albores de un milenio, para el cual los años anteriores serían un prólogo necesario hacia la realización de ese ideal plausible en el cambio de época que se insinúa en todo el hemisferio; y la intuición presente en sectores de la sociedad contemporánea de que sería posible intentar una asimilación de los saberes y las prácticas acumuladas, que no sea expresión textual de una tesis ni de una antítesis de lo que fue teóricamente dominante sino síntesis libre, justa, eficaz de las corrientes subterráneas y visibles que afluyen a esa idea del mundo, de América y de Cuba como dignidad plena del hombre, que desde 1895 intenta cumplirse en la práctica.

Lo que parece estar en juego en Cuba hoy, en este terreno, es la idea de futuro que proponemos, afincándola en la memoria vigente, por el replanteo ¿siempre desde el exterior? ¿sólo desde la cultura? de un proyecto de nación desustanciado en el tiempo, superado por el que aquí hemos venido comentando, y una de cuyas diferencias radicales pudiéramos condensar en expresiones dispares y bien reconocibles: la patria es el dinero, de Francisco de Arango y Parreño, frente al cual se empina el Patria es Humanidad, de José Martí.

El centro de la discusión que se nos propone tiene, a mi modo de ver, algunos ejes bien identificables y de importancia cardinal para el futuro, territorio que se aspira ocupar.

El primero de ellos, la intención de sustraer de la memoria histórica y cotidiana del país el lugar decisivo que las ideas y prácticas imperialistas de dominación, emanadas de los grupos de poder que han constituido los sucesivos gobiernos norteamericanos desde el distante siglo XIX, han tenido y tienen en la realidad cubana, latinoamericana y mundial.

El segundo, la idealización de un período de vida republicana que nació, creció y murió frustrado en lo esencial político por las ideas y prácticas de esa dominación y cuyas mejores realizaciones se suscitan en la tensión a que fue obligada su estructura por la perdurabilidad y evolución en el seno de esa sociedad de las fuerzas liberadoras que tenían mayormente su origen en el proyecto martiano de República y que condujo al estallido revolucionario de los años cincuenta, favorecido por un golpe de estado de militares pro yanquis, que pretendió impedir el previsible ascenso al poder político por medios electorales de esas fuerzas liberadoras.

Un tercer eje central de la discusión está localizado en el ya casi medio siglo de la Revolución en el poder, un período al cual se evita mirar como proceso histórico y en cuyo análisis se escamotea el hecho de que se trata de un nuevo tipo de sociedad, un sistema dinámico complejo con sus contradicciones internas, resultantes también de la tensión del cambio y de acumulaciones culturales típicas de un país marcado en su tradición por dominaciones foráneas a las cuales sigue enfrentado, así como la superación dialéctica que de muchas de esas contradicciones ha sabido hacer desde sí mismo el poder revolucionario, en un planteo de método donde la profundización del cambio y la rectificación del error es casi continua y no suele asumirse como negación en bloque del pasado sino como crítica y superación de los límites o acercamientos sucesivos a la verdad, tal como es reconocida y asumida por las grandes mayorías y sus líderes de acción y opinión en un momento histórico concreto.

Bien es cierto que esta época y sus contradicciones merecen varias preguntas que aún no han sido correctamente formuladas desde las ciencias sociales, pero no es esa la intención subyacente en las aproximaciones y análisis de muchos de los autores que intentan hoy arrojar sombra sobre su memoria futura. A esa Revolución, con sus grandes realizaciones y sus insuficiencias visibles ante el formidable espejo del ideal martiano, se la persigue como proyecto político y se la niega como sociedad institucionalizada para intentar extirpar ahora de la memoria colectiva su legitimidad, la posibilidad de su perfeccionamiento y su derecho al futuro, mediante un estudiado proceso de desmontaje múltiple que tiene voceros bien perceptibles, también en el campo cultural. Quizá es esa, como escribí a propósito del libro de Rafael Rojas, Tumbas sin sosiego , “la idea última que la revista Encuentro de la Cultura Cubana viene proponiendo desde hace diez años: la construcción intelectual de una memoria otra para Cuba, distinta y opuesta a la que las mayorías del país han percibido como su memoria desde el triunfo mismo de la Revolución de 1959, pero peligrosamente deslindada también de valores patrios arraigados en la memoria nacional previa a ese proceso histórico y que en mucho lo fundamentaron en sus orígenes y lo sostienen en su devenir actual”.

El cuarto elemento, tal como lo veo, es una especie de trozo de piedra arrancado del Muro de Berlín y arrojado a través de la mar océano para que golpee en La Habana , y parece tener dos líneas de acción y pensamiento: una, muy morbosa, pretende engarzar en la historia de Cuba todos los desarreglos, represiones y males exhumados de los territorios y museos socialistas de Europa del Este, y se goza en citar traumas, experiencias y reflexiones de esa región, saltando olímpicamente sobre las diferencias históricas y culturales que informan ambas realidades, pero también desconociendo las variadas discrepancias que entre el socialismo de la isla y el de esos países existió en la teoría y en la práctica, que llegó a plantearse incluso en varios momentos como disensiones entre sus liderazgos políticos; la otra línea de este cuarto eje pretende idealizar las sociedades contemporáneas de Europa Occidental (tan bien dispuestas a encauzar las aspiraciones hegemónicas del Imperio norteamericano, que ya en los sesenta nos endosaron desde allí la ofensiva contra la izquierda intelectual y la Revolución Cubana , mediante el agencioso Congreso por la Libertad Cultural y sus ramificaciones latinoamericanas) y presentarnos la ilusión de que esos grandes mercados –del libro, de la cultura, de ideas y bienes de consumo…, esos reservorios del dinero, en suma- son los modelos a los que deberíamos aspirar como absolutos después de una transición más cacareada que fundamentada, y se goza en el regodeo macabro de las duras realidades y complejidades teóricas de la crisis económica y de valores que asoló a Cuba en los años noventa e hizo parpadear con insistencia, y hasta cerrar a veces el ojo amoratado, a la idea socialista.

Típico de los muy críticos años de la crisis y transportado sin remilgos a unos dos mil que comienzan a ser otros -entre nosotros y más allá de nosotros-; este es, quizá, el eje en que se afinca mejor, por ejemplo, Antonio José Ponte, en La fiesta vigilada , una letanía imprecisa entre la confesión, la novela, el ensayo y el autobombo de unas memorias sin gloria, donde todo el mundo es sórdido o fútil menos el autor protagonista, para proponernos “una historia de represiones y miserias que este libro… nos cuenta como ningún otro”, según disfruta reseñar uno de esos parricidas revelados como eficaces colaboracionistas del poder exterior, Duanel Díaz. La Fiesta … de Antonio J. es la fiesta del chanchullo, la intriga, los manejos turbios, el egoísmo y la perfidia, la oscura fiesta del abandono, la simulación, el dólar y el turismo, cuya existencia no es un estado transitorio y equivoco, el resultado de una carencia y un aumento de la presión exterior, sino síntoma de la pudrición final del cadáver revolucionario y germen recuperado de lo que vendrá. Desde allí, Ponte levanta su memoria otra del país que propone como plataforma para recuperar el derroche de unos años cincuenta cuyo boato añora, aunque esa fastuosidad haya sido erigida, entonces si, sobre “una historia de represiones y miserias” abrumadoramente duras y de no ficción. Menos chancletero y no tan divertido, pero con el mismo cinismo resentido, casi maniático, hacia apocalípticos e integrados a que nos acostumbró Fermín Gabor, Antonio José Ponte -un autor inédito en Cuba, según la nota de solapa, falsedad evidente que predispone antes de entrar- llega en este libro al “final de toda fiesta de disfraces: el momento de abandonar las máscaras”.

Y creo que también de eso se trata: Ponte, Rojas, Duanel… participan conscientemente de una guerra ahora cultural que, según las últimas teorías de los grupos de poder que controlan el Imperio, no es necesario siquiera declarar en su fase militar. No se van a molestar ni más ni menos porque entendamos y digamos de una vez que lo que quieren es que la Revolución Cubana se acabe para siempre y que a ese fin aplican sus talentos, sin demasiados escrúpulos sobre los modos de conseguirlo. Propongo, entonces, que no demos muchas vueltas a la noria y nos planteemos la pregunta necesaria, ya ineludible: ¿por qué consentimos que dispongan a su antojo de ese falso derecho a ocupar sin objeción los territorios de la memoria –ese campo de batalla que, recogiendo el guante lanzado, esta mesa nos propone- presentándose a sí mismos como intelectuales libres de compromiso con todo poder, víctimas de una sociedad que en los hechos los aceptó y promovió con más anuencia que a otros hasta que ellos se autoexcluyeron cuando más convino a sus intereses, falseando la macro y la micro historia a su antojo, con miradas sobre el pasado, el presente y el futuro de Cuba que la mayoría de nosotros consideramos equivocadas, carentes de pertinencia, fundamento y argumentación, y que no compartimos?

Creo que nos asiste el derecho intelectual y ciudadano a disentir, a probar nuestras verdades, a proponer nuestra propia mirada, a tratar de encontrar respuestas, a realizar nuestras pequeñas maniobras, a intentar la recuperación de nuestro pan dormido, y evitar quizá la disfunción del campo que, ellos, nuestros adversarios, tratan continuamente de minar. Y sobre todo nos asiste el derecho a pensar por nosotros mismos, a plantear las preguntas de fondo, sin mediaciones exteriores ni aprobaciones internas y sin miedos, ser capaces de hacer también las necesarias preguntas sobre el aquí y ahora, sobre el aquí y ayer, sobre el mañana que viviremos aquí, como individuos y como país. Es la mejor manera que conozco de olvidarlos y creo que es la única manera de ganar para nuestros hijos esa memoria del futuro que ahora nos ocupa.

j. ferrer dijo...

Del cómo una mera frase deslizada en un texto inutiliza el todo:
"Creo que nos asiste el derecho intelectual y ciudadano a disentir". Eso dice Edel Morales conduciendo bulldozer que arrastra al foso a la disidencia.

Néstor dijo...

Mientras más leo la carta abierta de JAGB más se perfila como el modelo de pensamiento de un intelectual, y de una intelectualidad, que por su falta de rigor, por su falta de autodisciplina, por su absoluta ignorancia de una época histórica reciente (la República) cuya distorsionado simulacro han recibido y aceptado acríticamente de manos de demagogos, ese intelectual y esa intelectualidad digo, es la culpable de todos nuestros males, en mayor medida caso que los mismos protagonistas de la revolución. El carbonero... hablaré sobre Kant y ese carbonero de JAG Borrero cuan do regrese de hacer unos mandados... pero ese carbonero que recurre como estereotipo es, sencillamente imperdonable... y no me puedo quedar con ese carbonero por dentro!!! Vuelvo...

Anónimo dijo...

Un intelectual que está del lado de su pueblo, y no de aquellos que quieren destruirlo. mucho valor tiene Garcia Borrero de meterse en una polémica donde ustedes los gusanos están en mayoría, porque controlan todos los blogs. él es honesto y ustedes, el Nestor, el mismo Duanel que ahora se las da de crítico cuando en Cuba nunca dijo nada, son unos cobardes.

Karamchand dijo...

A quien traicionó el subconsciente, es al anónimo de las 20 y 29, fijarse en esto "Ten mucho cuidado, porque detrás de cada homófobo se esconde un homosexual consciente o inconsciente." ¿Por qué habría de tener cuidado si fuese, homosexual?. Queda claro que quien tira piedras tiene el tejado de vidrio y es un homófobo.

Isis Wirth dijo...

Anónimo de las 6:36 del 7 de julio:
Los únicos intelectuales que están del lado de su "pueblo" son esos "Würmer" que mencionas. Los que han destruido al "pueblo" y aquellos que se empenan en continuar y legitimar la destrucción, son los denominados "revolucionarios". Típica inversión, uno de los medios más eficaces de la propaganda del totalitarismo de izquierdas. Virar completamente la tortilla: "atribuirle al otro lo que en realidad somos nosotros".
Con todos mis respetos por J.A. García Borrero, a quien no conozco, no le veo ese "mucho valor" que aduces: ¿Vive en Cuba? ¿ Hace su blog desde Cuba?
¡Con cuánto gusto quisiera equivocarme!, pero hay demasiada onda jiribillosa en todo esto. Es lógico: "el Imperio del mal" contrataca. Quizás ciertamente Borrero sea honesto -esos enamorados del fascismo, que tan bien define Néstor- , pero todo apesta en ese reino.
Y tanto mejor si no me equivoco: ¿acaso no proclaman estar inmersos en la "batalla de ideas"?.
Necesitan contratacar la producción intelectual del exilio, como evidencia el último número de La Jiribilla. ¡Son tan fáciles de "desmontar" estos artículos!
Dicho sucintamente, y con todo mi respeto de nuevo por Borrero: no creo que su polémica con Duanel sea muy diferente de la línea de La Jiribilla.

Anónimo dijo...

"Ponte, Rojas, Duanel… participan conscientemente de una guerra ahora cultural que, según las últimas teorías de los grupos de poder que controlan el Imperio, no es necesario siquiera declarar en su fase militar. No se van a molestar ni más ni menos porque entendamos y digamos de una vez que lo que quieren es que la Revolución Cubana se acabe para siempre y que a ese fin aplican sus talentos, sin demasiados escrúpulos sobre los modos de conseguirlo. Propongo, entonces, que no demos muchas vueltas a la noria y nos planteemos la pregunta necesaria, ya ineludible: ¿por qué consentimos que dispongan a su antojo de ese falso derecho a ocupar sin objeción los territorios de la memoria –ese campo de batalla que, recogiendo el guante lanzado, esta mesa nos propone- presentándose a sí mismos como intelectuales libres de compromiso con todo poder, víctimas de una sociedad que en los hechos los aceptó y promovió con más anuencia que a otros hasta que ellos se autoexcluyeron cuando más convino a sus intereses, falseando la macro y la micro historia a su antojo, con miradas sobre el pasado, el presente y el futuro de Cuba que la mayoría de nosotros consideramos equivocadas, carentes de pertinencia, fundamento y argumentación, y que no compartimos?"

Es la pura verdad: los tres estudiaron en Cuba y gracias a eso han llegado a ser lo que son. y ahora resulta que Duanel habla pestes de la educación en Cuba. Ponte y Rojas se cansaron de publicar en Cuba hasta que no les convino, Duanel igual. Y no se les puede permitir que ocupen esos terrenos de la memoria con sus mentiras barnizadas con un poco de filosofía barata.

Anónimo dijo...

Juan Antonio García Borrero vive en Cuba, y es uno de los más respetados ensayistas y críticos de cine allí. No es para nada un enviado de La jiribilla. ¿o creen que todos los que apoyan a la Revolución y no son apátridas tienen que estar mandados por La jiribilla?

Anónimo dijo...

Duanel:

Acabo de colgar mi segunda postdata en CINE CUBANO, LA PUPILA INSOMNE, y también una nota de despedida donde doy por finalizada la polémica. Para mí ha sido un buen experimento, y en lo personal me ha sido útil. Para alguien como yo, que ha crecido al margen del debate público resulta un buen ejercicio, y no te voy a negar, un acto de osadía impensado, tomando en cuenta que sabía de antemano que con mis criterios personales estaba enfrentando a una mayoría que en este medio no piensa como yo. Increíble, pero aquí en este contexto me he sentido un “disidente”. Ya tengo una idea mínima de lo que tienen que experimentar los verdaderos, y me hace admirar de que, a pesar del acoso público, no renuncien a sus ideas y no salgan de Cuba. Digamos que esto ha sido mi Mariel.

Creo que tiene razón quien por allá arriba te recomienda que no permitas que te malogren la despedida. La verdad es que no es justo que en el cierre se recuerde a “La memoria” precisamente por todo lo contrario que te había comentado en algún momento, es decir, esa virtud de haber logrado buenos debates sin llegar a la chusmería intelectual. Claro, ya sé que no eres tú. Yo por mi parte trataré de seguir pegado a mí mismo. Y ahora sí a la cueva, que ya pasaron mis quince minutos de fama. Nos vemos y ojalá que sea para hablar de nuevos libros. Un abrazo,

Juan Antonio

Anónimo dijo...

oye, metí la pata. iba a postear en el blog tu réplica antes de la mía, como siempre hago, y se me pasó. ahora estoy tratando de linkearla, pero todavía no controlo mucho eso. pero de todos modo la mía remitirá a tu carta. hasta pronto,

juan antonio

Duanel Díaz Infante dijo...

no te preocupes Juan Antonio, acabo de leer tu carta, y voy a poner una última nota linkeando a tu carta abierta. solo eso, pues como ya te dije no quiero seguir con la polémica. llevo cuatro días tratando de cerrar el blog y ahora sí lo voy a hacer de una vez. es posible que otros se animen a contestarte, y espero que esta polémica haya sido de alguna manera fructífera.

Buscando Respuestas dijo...

Más arriba se plantea una pregunta clave en todo esto. Por qué numerosos intelectuales se "babean" por la izquierda?

Buscando por ahí me encontré esto, que me parece aclaratorio:

"La pleitesía intelectual"

Por Camilo López Darias.

La pregunta

Muchos nos preguntamos el por qué gran parte de la intelectualidad de “izquierda” suele rendir, continuamente, una vergonzosa pleitesía a regímenes totalitarios populistas al estilo del Castrismo, por ejemplo. Y si encomillo la denominación izquierda es precisamente porque no creo en etiquetas definitorias en materia política. En ese sentido coincido plenamente con el político mexicano Arnaldo Córdova, que define a las tendencias como “mitos que no significan absolutamente nada”. Personalmente pienso que una manera más justa de establecer correlaciones es manejar conceptos al estilo de Democracia y Totalitarismo, Colectivismo y Liberalismo, y así por el estilo.

Una teoría

Una curiosa tesis del filósofo Robert Nozick intenta establecer una explicación plausible acerca del por qué la llamada intelectualidad, entre la que incluye a poetas, novelistas, críticos literarios, periodistas y profesores, tiende a desplazar su simpatía ideológica hacia una posición anticapitalista. La piedra angular de la tesis de Nozick se fundamenta en el resentimiento como causa básica y vital. El profesor de Harvard lo define como Egocentrismo Individual: los intelectuales quieren ante todo ser reconocidos por la sociedad en la que se desenvuelven, y ante la imposibilidad de que un medio abierto y competitivo como el capitalista centre su atención en la contemplación intelectual, al decir de Aristóteles, se establece una respuesta virulenta y crítica por parte de estos, fenómeno que se desencadena dentro de marcos de libertad individual construidos por el propio status que satanizan.

Las sociedades donde la oferta y la demanda desempeñan un papel central, permiten por lo general la libre discusión, propagación y establecimiento de ideas, coyuntura explotada por los intelectuales para hacer valer sus acusaciones, según Nozick. Ideas, por cierto, basadas en slogans sempiternos y no evolucionistas. Se está contra el sistema porque sí.

Ello explicaría el por qué en los regímenes colectivistas la voz de los intelectuales o se pliega a los intereses gubernamentales o simplemente desaparece, ya que no existen los espacios para hacer valer frustraciones y resentimientos de una manera “oficial”. Todo se reduce, según Nozick, a la falta de libertades individuales, a la negación del liberalismo “per se”. Sí se puede cargar en contra un capitalismo que generalmente promueve el talento y la iniciativa personal. No en contra de una sociedad cerrada al estilo de los regímenes totalitarios de izquierda. Nozick lo denomina Generalización Sociológica Plausible.

Lo no absoluto

Más allá de la tendencia absolutista del profesor de Harvard, lo cierto es que no sólo los llamados intelectuales de izquierda ejercen la crítica social en un medio dominado por el capital. Son innumerables los casos de relevantes figuras del lado contrario que han levantado su voz en contra del medio existente, como Yeats, Pound o Elliot, por citar unos cuantos. Pero la ausencia de slogans y posiciones férreas y preconcebidas adorna de matices diferentes dichos propósitos.

No olvidemos que en el mundo occidental el pensamiento contemplativo de la izquierda comenzó a desarrollarse sobre todo tras la depresión norteamericana del 30. Ello propició, según la visión de Stephen Spender, un proceso de politización en los jóvenes escritores de la época, manifestándose en tratados como The Coming Struggle for Power, publicado por John Strachey en 1932 y por las numerosas simpatías que despertaron los planes económicos quinquenales desarrollados por la URSS. A la creación de los clubs John Reed se opusieron las ideas de mentes lúcidas como las de George Orwel (la voz más crítica), Ezra Pound y el propio T.S. Elliot. Sin embargo, la intelectualidad de izquierda siempre ha gozado de un favoritismo inocultable por parte de la gran prensa, la que terminó por acuñar el término “política correcta” a todo aquel acto de pensamiento que centrara sus ataques en las sociedades capitalistas. Ha sido el devenir de la leyenda negra que ha oscurecido a la derecha y que hasta hoy persiste en numerosas instancias.

El papel de la enseñanza

Volviendo a la interesante teoría de Nozick, enorme y difícil de abarcar en escasas cuartillas, han sido los centros de enseñanza quienes predisponen a la formación y aparición de intelectuales de izquierda, pues no sólo propician la diseminación directa de dichas ideas (y regresamos aquí a la liberalidad capitalista), sino que contribuyen a conformar un marco ideal para que se desarrollen, debido a la tendencia creacional de “estados de planificación central” con líderes solitarios y autoritarios como representaciones visibles de dichas instancias. Todo a nivel de escuelas de pensamiento, por supuesto. Y ello sería explicativo del por qué los segmentos de trabajadores frustrados y negociantes fracasados no suelen ocupar lugares de avanzada en las ideologías colectivistas y comunitarias.

Crisis de la llamada izquierda

Sin embargo, a pesar de las publicitadas posiciones a favor de regímenes totalitarios y de líderes egocentristas y “muy machos” por parte de una importante porción del pensamiento intelectual global, en los últimos años comienza a hacerse patente una mutación, una deslógica, en la teoría de que el mal llamado “liberalismo de izquierda” es sustentor y amo exclusivo de las ideas. Conceptos arcaicos como los del ultra reaccionario James Petras, que suele calificar continuamente a los neoliberales como representantes clásicos de una ultra derecha sin escrúpulos, pierden fuerza. El propio filósofo comunista Fernández Buey ha conceptualizado el hecho de que no existen verdaderos intelectuales de izquierda y habla de un “preocupante” transformismo en dicho grupo.

Sirva Francia como ejemplo vital y centralista del fenómeno, donde la intelectualidad adoradora de colectivismos ha perdido el “punch” de años pasados. La definición de Andre Glucksman “El nuevo pensamiento viene de la derecha” comienza a dominar espacios, e ideas antiguas y modernas provenientes de Malraux, Druon, Aron y Anovilh se interpretan y vuelven a interpretar desde una óptica personalista.

Y es que la izquierda pensante de hoy parece regirse por la teoría del “Fundamentalismo Democrático”, termino establecido por García Márquez y que da pie a la justificación de dictaduras populistas en aras de combatir al “libertinaje del capitalismo. Y es precisamente en éste punto, si estamos lúcidos, donde se puede descubrir la cobardía de los intelectualismos demagógicos que apoyan, por ejemplo, a Castro.

Anónimo dijo...

Yo te reitero lo mismo de antes: ha sido a pesar de todo un placer. Lo que me interesaba que discutiésemos en público seguirá allí, por lo menos un tiempo. Pensaba llevarme el blog del aire para seguir jugando con los mitos el cine y eso de "Lo que el viento se llevó".Pero puede estar un tiempo más. saludos,

juan antonio

Anónimo dijo...

Eras muy joven, seguramente, Borrero, para acordarte de lo que fue el Mariel, de lo contrario no compararías este debate democrático, donde eres cuestionado por las mejores mentes de tu país, con aquellos ataques sangrientos de la chusma fascista contra el más inocente de los enemigos. Tampoco se trata de disidencia, en ningún sentido: tu posición es atacable precisamente por no disentir de la historiografía oficial.

Camilo dijo...

Bueno, ése trabajo mío que se cita (publica) está basado fundamentalmente en una investigación de Robert Nozick.

Sé que las respuestas sobre el tema no son fáciles. Sería estupendo abordarlo con más frecuencia.

Saludos, Duanel.

edel morales dijo...

A propósito de Tumbas sin sosiego, de Rafael Rojas
Examen de memoria
Edel Morales

Rafael Rojas ha escrito un libro que interesa. Ambicioso, en su proyecto de reconversión de la memoria nacional. Bien documentado, al modo agotador de los nuevos letrados. Actual, porque revela mejor que ningún otro la crisis intelectual en que se debaten el autor y varios de sus colegas. Y aunque no logró que los jurados lo asumieran como modélico, el libro fue bendecido con el Premio Anagrama de Ensayo, y eso cuenta.

Estructurado en una introducción y tres grandes momentos, Tumbas sin sosiego nos propone una lectura de la memoria cultural cubana desde un principio interesado: el pensamiento liberal de la República, no decantado sino cancelado por la Revolución de 1959 y superior en si mismo a otras tradiciones (sean comunistas o católicas o en cualquiera de sus variantes nacionalistas) es visto aquí como la piedra angular de la reconstrucción intelectual poscomunista. Previamente se nos ha hecho ver (académicamente, se nos ha demostrado) que en la República todos los debates eran posibles (superiores) y se realizaban con total respeto por el otro y en pie de igualdad para su legitimación pública.

Esa tesis de partida hace fallar a Rojas, en tanto lo sitúa en dos perspectivas equivocas: una de origen y otra de destino. Y lo lleva a cometer gazapos conceptuales en profundidad, intentando fundamentar su punto de vista.

Un ejemplo, puntual y extremo: sus perfiles intermedios son más favorables a autores de importancia bastante relativa como Raúl Rivero, que a pensadores de significación indiscutida para Cuba (pero culpables, ante los ojos del autor, de mantenerse e incluso liderar intelectualmente el campo político opuesto), como Cintio Vitier o Roberto Fernández Retamar.

Otro ejemplo, más en el entorno generacional del autor: pretende erigir en paradigma de nueva civilidad poética a recién llegados a trompicones del tipo de Pablo de Cuba Soria, desconociendo (¿por pecado de lesa ignorancia?) autores como Reinaldo García Blanco, Pedro Llanes, León Estrada o Rigoberto Rodríguez Entenza, por señalar solo algunos de los muchos nombres que los ochenta y noventa del pasado siglo aportaron a la poesía cubana en materia de conciencia ciudadana. O se esfuerza en consagrar desde su autoridad (poder) a refinados vocales entusiastas del parricidio intelectual, como Duanel Díaz.

Porque el pecado original de Rafael Rojas, que en Tumbas sin sosiego adquiere categoría de escándalo (Kundera dixit) es derrochar su indudable capacidad de análisis y el alto nivel de información que siempre nos muestra, en sustentar una idea política preestablecida: la Revolución fracasó hace tiempo (finalmente en los noventa) y para Cuba no hay alternativa viable fuera de la transición al modélico pasado, tantas veces anunciada.

Rojas escamotea hábilmente la presencia y peso específico de la política norteamericana en los proyectos de esa transición (por ejercicio del mando o por imposibilidad de contención a las fuerzas imperiales), el modo en que históricamente esa presencia se hizo injerencia, intervención y ocupación del espacio público cubano siempre que fue necesario y el hecho de que si algo tiene tradición intelectual y popular en Cuba es el rechazo mayoritario a la política intervencionista del gran vecino.

Quizá ningún libro desarrolla mejor, en lo específico, la idea última que la revista Encuentro de la Cultura Cubana viene proponiendo desde hace diez años: la construcción intelectual de una memoria otra para Cuba, distinta y opuesta a la que las mayorías del país han percibido como su memoria desde el triunfo mismo de la Revolución de 1959, pero muy peligrosamente deslindada también de valores patrios arraigados en la memoria nacional previa a ese proceso histórico y que en mucho lo fundamentaron en sus orígenes y lo sostienen en su devenir actual.

Más allá de esos improcedentes puntos de partida, el libro revela el engarce apresurado de ideas y textos quizá pensados o escritos en momentos cronológicamente cercanos, pero diferentes en su esencia. De modo que ciertos síntomas de la creación artística o de la realidad social, que podían ser manifestación de algo en un tiempo, ya no lo son, o no lo son exactamente como el autor los maneja, y utiliza largamente a su favor. Errata o gazapo menor, pensando en la distancia desde la cual escribe, pero que revela también que algunos otros de sus argumentos son traídos a empellones hasta las páginas que aquí se nos presentan con el gozoso lustre de academia.

Hay, sin dudas, zonas bien interesantes en este libro, como en otros del autor. Pero una vez más peca Rafael Rojas en el análisis y valoración de lo esencial en un proceso histórico de largo alcance. Y es que no se puede pretender un análisis influyente del siglo XX cubano (y es a lo que aquí se aspira), pasando intelectualmente la mano a la frustración y descomposición republicana y al así llamado “gobierno autoritario” de Fulgencio Batista para unas cuantas páginas después emprenderla sin contemplaciones contra “la dictadura de Fidel Castro”. Ningún clásico de las libertades ni estudio social contemporáneo alguno, por más legítimos o prestigiosos que sean sus autores (y Rojas se extiende en citas que prueban su manejo de fuentes muy pertinentes en el análisis de otras realidades) puede servir de sustento teórico a un dislate conceptual de ese tipo, pues en Cuba está demasiado vivo aún el recuerdo de lo real en la memoria sangrante de la nación.

pepe angulo dijo...

Hay una falla fundamental en la lectura de Edel, y es así de simple: ¿por qué no publican en Cuba el libro de Rojas? Pues la respuesta es, precisamente, la negación de Edel. El Anti-Edel. Y, ¿quién es uno de los negadores oficiales de Rojas? Su hermano, Fernando: demostración de la falla estructural de la Revolución. Ante esos argumentos, lamentablemente, el trabajo de Edel queda en pura retórica.

Anónimo dijo...

A Rojas le publicaron bastantes artículos en Cuba, mientras estaba en su exilio de terciopelo en México. Publicó en La Gaceta, en Unión, en Casa de las Américas. Luego, cuando vio la posibilidad de montarse en el carro de Encuentro, fue que "rompió" con la Revolución.
Duanel hizo otro tanto. Ambos se vendieron por un plato de lentejas y un poco de reconomientos. ¿qué se podrá esperar de esos "intelectuales" considerados tan brillantes?

Anónimo dijo...

Por curiosidad, leí lo que está en La Jiribilla sobre el evento llamado \'La Memoria, ese campo de batalla\' (mania militarista de ver en todo una batalla) y, para los que han \'inundado\' los comentarios con Edel, Eliades y otras vainas, por qué no inundaron tambien con el trabajo de Julio Cesar Guanche?

Anónimo dijo...

Edel Morales me recuerda a Retamar, gastándose todo un ensayo en mencionar a dos o tres díscolos... Concuerdo con Isis, todo parece demasiado jiribillesco.

Animo Duanel!, a preparar ese libro que mencionas, que ya el tiempo pondrá las cosas en su lugar.

Anónimo dijo...

Para el amante de las lentejas:

La verdad de la mentira.
Sobre el uso de cierta memoria.
Julio César Guanche.

(fragmento sin permiso y pidiendo disculpas al autor)

\"El problema no es solo hacer el inventario de los dineros invertidos por la CIA en convertir a ciertos ideólogos o escritores en estrellas del stablishment del “Mundo Libre”. Los libros Mundo Nuevo. Cultura y Guerra Fría en la década de los sesenta, de María Eugenia Mudrovcic y La CIA y la Guerra Fría cultural, de Frances Stonor Saunders, entre otros, abordan con exhaustividad los casos de este expediente.

El problema también es que el “Mundo Comunista” —Stalinista— invirtió cifras probablemente similares con el mismo propósito, sin otro resultado que una aplastante derrota de su cosmovisión.

Lo más importante no es que cuánto se pagó y cuánto se cobró sino que ni unos ni otros nos hicieron más libres.

El problema no encuentra solución en un proyecto político basado en la queja: de cómo “ellos” han sido comprados, de cómo ellos han vendido su alma al mercado por un plato de lentejas, sino de cómo nos posicionamos ante esta verdad, de qué hacemos para enfrentarnos a esta verdad. En últimas, si “ellos” en efecto se vendieron, incluso a conciencia, resulta de todas maneras una elección legítima de “ellos”, y un “problema” de “ellos”.
\"

Anónimo dijo...

Me aburren los blogs sobre Cuba, las publicaciones sobre Cuba, las revistas, libros y sitios web.

Me aburre Cuba.

Me aburren los Rafael Rojas, Ichikawas, Lopez, Sosas, Duaneles, Hernandez, de Armas, que solo hablan, y hablan, y hablan, y nada más.

Me aburre la morcilla, el regodeo, los análisis sesudos, toda esta mierda que atosiga.

Me aburren los que critican y los que justifican, los que estuvieron presos y los que no, los que alardean de un pasado en la cárcel y los que escriben para exorcisar fantasmas.

Al carajo.Me despido temprano.

Anónimo dijo...

Para Anónimo de9 de julio de 2007 19:11

Por depresiones más benignas que esa, hay quienes se han pegado un tiro en la cabeza. Elige bien la Makarov.

Anónimo dijo...

Les apoyo en la idea de dejar estos mojones...

Anónimo dijo...

Mojones y de los agrandes