domingo, 1 de abril de 2007

Sesión de poesía: tres inéditos de Pedro Marqués

Si de Los altos manicomios (1994) a Cabezas (Unión, 2002) Pedro Marqués derivó hacia una experiencia de la poesía cada vez más despojada del lirismo accesorio que presta la cultura, ahora, en ciertos poemas escritos en el exilio se aprecia otro tránsito desde la ascesis de aquellas “piedras mondas” y la hojarasca de olvidados ingenios en el Oriente cubano, hacia una historia llena de violencia y de “gente sin historia”. Como respondiendo al llamado de Casey a encontrar aquel “otro siglo XIX” excluido de las historias nacionalistas y de la mirada patricia, en la “crónica” de Pedro se rescatan ciertos personajes de la crónica roja: “toda esa gente en aprieto / esa gente a la sombra / de qué” son rastros de una particular violencia urbana, como aquellos que Piñera inmortalizara en “La gran puta”. Signos de una historia que no procede ya del ramo de fuego en el mar visto por el Almirante donde Lezama quiso ver un destino poético para la Isla, sino de aquellas primeras ordenanzas que establecían el reparto de las tierras y la cría de los cerdos en una isla pobre y poco poblada, relegada por los buscadores de oro y prodigios. Pero esos cerdos llegados en barcas de México y que parten hacia Guam son ya una fuga al sueño, como esos otros que llevan a locos y a presos y a muertos, en una cadena de horror que sugiere lo que de onírico puede haber en una historia que no admite sublimaciones.


(crónica)

el chino que colgaron de un pie
en las Caletas de Sán Lázaro
el que se metió de cabeza
en los filtros de Carlos III
el empalado de la loma
del burro el trucidado
del camino de hierro
el último peón

toda esa gente en aprieto
toda esa gente a la sombra
de qué

el que bebió la flor (pública) de los urinarios
el que degolló al Conde y lo dieron por loco
y después inventó un aparato para matarse
(Engranaje-Sin-Fin)

el verdugo que entraba por el boquete
el que le cortó la cara al Padre Claret
en un raptus luego de misa
el embozado que le pasó
la chaveta el que empleó
el veneno que no deja
traza (Rosa francesa)

toda esa gente en aprieto
toda esa gente a la sombra
de qué

el amante de la Bompart
apresado en el Hotel Roma
a 30 yardas de la Iglesia de Cristo
el que gritó -ante la trigueñita de los doce años
y el padre enloquecido colgado de un gancho-
ansias de aniquilarme siento el que soportó
el giro del tórculo pero no a las legionellas
el que arrojó vitriolo al negrero Gómez
junto al altar el que prendió yesca
el que echó la mora al agua
atada al cepo -dicen-
desde la eternidad

toda esa gente en aprieto
toda esa gente a la sombra
de qué


(contiguos)

rastro de cerdos
para locos
de San Dionisio

rastro de locos
para leprosos
de San Lázaro

rastro de leprosos
para huesos
del cementerio Espada

rastro anexo
para presos
de la Cantera

rastro de piedra
sobre las murallas

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vi puercos en el agua
en barcazas precarias
(no eran pecaríes)
que llegaban de Yucatán -luego

orillados dispersos en ribazos
hasta poblar las ordenanzas
del tal Alonso de Cáceres

fue al comienzo del sueño
antes que tierras marcaran
lindes y aunque perseguidos por severa ley
modelaron una cultura de pequeño formato

pero han vuelto al agua
en barcazas todavía más precarias
que parten a Guam