miércoles, 28 de febrero de 2007

García Vega, Carlos Enríquez y los debates de Orígenes

Alfredo Triff ha advertido que en el par de artículos sobre Carlos Enríquez salidos este domingo en El Nuevo Herald se cuenta la misma anécdota (el encuentro de Carlos Enríquez con Lezama en 1957 en una librería habanera), pero, curiosamente, García Vega y Carlos M. Luis, quienes se atribuyen la compañía de Lezama, no se mencionan el uno al otro. También es significativo que Luis, cuya valoración es mucho más favorable al pintor, no se refiera a “esa mirada de odio” que García Vega dice “no poder olvidar”.

De esa mirada parte justamente el autor de El oficio de perder en uno de esos juicios tan tajantes, y tan poco argumentados, a los que acostumbra. “Era la mirada que traslucía toda la fea, horrible actitud, que una fea generación cubana (una fea generación que tuvo sus herederos en los jóvenes, influidos por Virgilio Piñera, que hicieron el horrible magazine ''Lunes de Revolución'') tenía por todos los que consideraban sus enemigos (y, váyase a saber por cuáles razones patológicas consideraban enemigos a ciertas gentes que ellos sentían como expresión de una conducta decente).” Quien espere que García Vega explique por qué la generación de 1925 –que incluye, además de a Carlos Enríquez, a Víctor Manuel, a Eduardo Abela y a Marcelo Pogolotti– no es sino una generación "fea" y “roñosa”, y por qué Lunes es “horrible”, no conoce las originalidades del autor de Los años de Orígenes.

Evidentemente, lo más plausible de todo lo afirmado por García Vega es que los de Lunes heredaron algo de aquellos “vanguardistas”, pero no la actitud odiosa hacia sus enemigos que él dice, sino otras cosas: cierta preocupación por la política y la sociedad; el gusto por la vanguardia, el cine y el deporte; una cultura de la polémica y las encuestas. Signos todos de una modernidad que a Orígenes, situada a la sombra del ángel del Perugino, le resulta ajena, cuando no francamente vulgar. Los “jóvenes airados” de 1959, que no se equivocaron al advertir el fondo conservador del origenismo católico, encontraron en aquella generación nucleada en la revista de avance una concepción del intelectual y de lo cubano que les resultaba más cercana a sus propios intereses, signados por un encuentro entre la vanguardia política y la intelectual que el propio cierre de Lunes revelaría, tres años después, como una utopía. Es cierto que en aquel magazine de Revolución se atacó duramente a los origenistas con todo el peso del nombre que ostentaban, pero también lo es que en el momento de aquellos ataques hubo espacio para la defensa de Orígenes que hizo Carlos M. Luis en Revolución, y que tanto García Vega como Vitier pudieron responder, si no desde las propias páginas de Lunes, sí desde otras publicaciones como la Nueva Revista Cubana, donde, por cierto, aparecieron artículos de Alfredo Guevara contra Cabrera Infante y su grupo.

García Vega cita ahora un libro suyo que, en mi opinión con justicia, fue muy criticado en Lunes: “Yo en mi Antología de la novela cubana, dije de Carlos Enríquez: “el afán por lo vital, excesivo en el novelista, al no partir desde un centro poéticamente vivido, toma la endeblez de lo buscado en demasía, con airecillo molesto de esnobismo ... Lo afiebrado y lo mórbido, he ahí las notas predominantes en la novela de Carlos Enríquez ; pero carecen éstas, sin embargo, de centro reminiscente, de imagen estructurada en lo vivido”. Así como yo vi, y sigo viendo, la expresión plástica de Carlos Enríquez, como una manifestación de ese afrancesamiento de noventa millas (en Cuba, para muchos afrancesados, París estaba a noventa millas) que servía para ofrecerle a los extranjeros, haciéndolo pasar por pura cubanía, un folletín surrealista donde la violencia se mostraba con un efectismo pueril.” No parece haber, según García Vega, diferencia de calidad entre las novelas de Carlos Enríquez –no exentas de interés, pero ciertamente prescindibles– y su obra pictórica. Campesinos felices, El rapto de las mulatas, El rey de los campos de Cuba, Virgen del Cobre, Dos Ríos: todo ello es “folletín surrealista” y “efectismo pueril”, como, según García Vega ha afirmado en ocasiones anteriores, Fuera del juego es “periodismo disfrazado de poesía”, De donde son los cantantes puro origenismo y Piñera, a pesar de su gusto por el absurdo, no logra “superar la Forma”.

Este juicio de García Vega no hace más que reproducir, sin los aciertos expresivos de Guy Pérez Cisneros, la crítica de este a Carlos Enríquez en Espuela de Plata, que manifestaba, en el terreno de la pintura, la posición de la generación que en Orígenes alcanzaría su "definición mejor" contra la que le antecedía. Cuando García Vega dice que a ellos los consideraron enemigos los de la generación de Carlos Enríquez, olvida que fueron los de Orígenes, los más jóvenes, quienes primero atacaron a aquellos, como es de rigor en las pugnas generacionales. Quien revise aquella polémica (que Hernández Busto ha ofrecido en su blog casi entera, incluyendo dos escritos que habían permanecido inéditos hasta ahora) podrá advertir que Pérez Cisneros acusa a Carlos Enríquez de ofrecer, a partir de una imitación superficial de la vanguardia europea, una imagen pintoresquista de Cuba, basada en el trópico, el campo, el afrocubanismo y una sexualidad intrascendente, frente a lo cual el crítico reivindica una cubanidad profunda que no estaría ya en el objeto, sino en la mirada. He aquí, evidentemente, un capítulo más de la controversia entre Orígenes, con su aristocrático penchant por la Cuba secreta y los interiores coloniales, y los “vanguardistas” de la generación anterior, que elevaron al negro, el campesino y el trópico a símbolos universales de lo cubano.

Frente a la durísima crítica de Pérez Cisneros y de ese editorial de Espuela de Plata inédito hasta ahora, creo que habría que reivindicar a Carlos Enríquez, pues él no sólo sí sabía escribir, sino que es un artista imprescindible en nuestro imaginario nacional. Nos puede gustar más o menos que Mariano, más o menos que Amelia Pélaez, más o menos que Portocarrero (los tres pintores de Orígenes), pero es uno de los grandes pintores cubanos. Que a estas alturas, cuando aquella lucha generacional carece de actualidad y de sentido, García Vega le niegue la sal y el agua, resulta, en mi opinión, lamentable. Su artículo dice muy poco de Carlos Enríquez, pero mucho del propio García Vega, de lo poco que él tiene que decir.

4 comentarios:

Sosa dijo...

LGG se vale de una coda de e-mails, como todo ahora, que corolan su ataque a Carlos Enríquez. Esto es significativo. Como para demostrar un consenso. De cierta manera, aunque se lo merezca y todo, LGG es alguien de quien yo esperaría que no creyese en cohortes. Séquito, cortesanos, alfombra. Sin embargo, Duanel, creo que LGG se ha ganado el derecho de no dar explicaciones por un artículo periodístico. En todo caso, puede decirnos simplemente que no le da la gana a la altura de sus 80 años. Un viejito apacibel ¿eh?

Un abrazo. MS.

Sosa dijo...

Apacible!

Anónimo dijo...

Se puede saber, gentilmente, donde se puede leer este artículo al cual se refieren. Me interesa mucho pues estoy estudiando las novelas de Carlos Enriquez y toda su historia..Mil gracias..

Anónimo dijo...

Conoci a Garcia Vega cuando estuvo en Caracas alla por los años 70.
Luego supe por un amigo comun que estaba trabajando en en supermercado en N.York.
Alguien me puede dar noticias de su vida?
max